
Milei no se mueve de la ortodoxia y pide paciencia: “La inflación va a colapsar”
Alejandro CabreraEl presidente Javier Milei volvió a marcar posición en materia económica con una serie de definiciones que buscan cerrar cualquier duda sobre el rumbo del Gobierno. En un contexto donde la desaceleración de la inflación convive con una fuerte caída del poder adquisitivo, el mensaje fue claro y sin matices: no habrá cambios en el programa.
“No nos vamos a mover de la ortodoxia”, afirmó, en una frase que sintetiza el núcleo de su estrategia y que apunta a consolidar credibilidad en los mercados y coherencia interna en la política económica.
“La inflación va a colapsar”
El eje central del discurso sigue siendo la inflación. Milei insistió en que el proceso de desaceleración no solo continuará, sino que se profundizará en los próximos meses.
“La inflación va a colapsar”, sostuvo, reforzando la idea de que el ajuste actual tiene como objetivo generar un quiebre definitivo en la dinámica de precios.
En esa línea, también planteó que el proceso requiere tiempo y consistencia, y volvió a pedir respaldo social para sostener el programa.
“Lo único que pedimos es paciencia”, señaló, en una frase que apunta directamente al clima social, donde la mejora macro todavía no se percibe en la vida cotidiana.
“No vamos a cambiar el rumbo”
Frente a las críticas por el impacto del ajuste, el Presidente fue categórico en descartar cualquier giro en la política económica.
“No vamos a cambiar el rumbo”, aseguró, dejando en claro que no habrá flexibilización ni medidas que impliquen abandonar la línea actual.
Ese posicionamiento no es solo económico, sino también político. Milei busca mostrar que su gobierno no va a ceder frente a la presión, aun cuando los costos sociales del programa se hacen visibles.
“El programa es el correcto”, insistió, reforzando la idea de que los resultados dependen de sostener la estrategia sin desviaciones.
“El ajuste era inevitable”
Otro de los puntos centrales de su discurso fue la justificación del ajuste. Milei volvió a plantear que la situación heredada hacía inevitable una corrección profunda.
“El ajuste había que hacerlo”, afirmó, en línea con su narrativa de campaña y de gobierno, donde sostiene que no existía margen para una alternativa gradual.
En ese marco, también remarcó que el objetivo no es solo estabilizar, sino evitar una crisis mayor.
“Si no hacíamos esto, terminábamos en una hiperinflación”, sostuvo, vinculando el presente con un escenario que busca dejar atrás.
Entre la macro y la calle
El discurso del Presidente se apoya en una lógica clara: primero ordenar la macroeconomía, luego esperar que ese orden se traduzca en mejoras concretas.
Sin embargo, esa secuencia genera una tensión evidente. Mientras los indicadores empiezan a mostrar cierta estabilidad, la experiencia cotidiana sigue marcada por la pérdida de poder adquisitivo, el aumento de tarifas y la presión sobre el consumo.
Milei no desconoce ese contexto, pero insiste en que se trata de una etapa de transición.
“Esto es un proceso”, planteó, reforzando la idea de que los resultados no son inmediatos.
Un rumbo sin margen para retroceder
El Gobierno apuesta a que la consistencia del programa termine generando resultados que validen el ajuste.
Pero esa apuesta tiene una condición: el tiempo.
La paciencia que pide Milei no es solo un recurso discursivo. Es el elemento central de su estrategia.
En un escenario donde la inflación baja pero el ingreso todavía no se recupera, el equilibrio entre sostener el rumbo y administrar el costo social se vuelve cada vez más delicado, y es ahí donde el Gobierno juega gran parte de su capital político mientras intenta que la estabilización deje de ser solo un dato macro y empiece a reflejarse en la vida cotidiana.


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