
La interna libertaria estalla y deja al descubierto la pelea por el poder dentro del gobierno
Alejandro CabreraLa interna de La Libertad Avanza terminó de romper el umbral de lo privado y se convirtió en un conflicto visible, con actores definidos, alineamientos claros y un trasfondo que excede ampliamente el plano de las redes sociales. Lo que aparece en la superficie como un cruce entre dirigentes y militantes digitales es, en realidad, la expresión de una disputa más profunda por la conducción política del espacio que gobierna la Argentina.
El detonante: justicia y territorio como ejes del conflicto
El punto de inflexión se produjo a partir de dos hechos que, por su simultaneidad, fueron leídos como parte de un mismo movimiento. Por un lado, la citación a indagatoria de tuiteros libertarios en una causa judicial impulsada a partir de una denuncia vinculada al armado bonaerense. Por otro, el recambio en la conducción del bloque libertario en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, donde una figura alineada con el karinismo desplazó a un dirigente identificado con el esquema político de Santiago Caputo.
Esa combinación de decisiones judiciales y políticas no fue interpretada dentro del espacio como una casualidad. Funcionó como una señal de ordenamiento interno, donde el sector más cercano a Karina Milei empezó a consolidar su control sobre áreas clave, especialmente en el territorio bonaerense, que es el principal campo de disputa electoral del país.
La reacción: el cruce que expuso la pelea por la autoridad
La reacción no tardó en llegar y tuvo un nivel de exposición que terminó de dinamitar cualquier intento de contención. La diputada Lilia Lemoine eligió intervenir con un mensaje directo, sin matices, que apuntó contra Daniel Parisini, conocido como Gordo Dan. “Bancaste a Villarruel y a Pagano, Dan. En la vida real, vos dejabas caer al gobierno. Perdón. Me cansé”, escribió, en una frase que rápidamente se viralizó y marcó un quiebre en la conversación interna.
El mensaje no fue solo un ataque personal. Fue una toma de posición política que buscó establecer una línea divisoria dentro del espacio, diferenciando entre quienes considera leales al proyecto y quienes, según su visión, lo debilitaron desde adentro.
La respuesta de Parisini no fue menos contundente. “No solo banqué a Villarruel y a Pagano, banqué a toda La Libertad Avanza cuando había que bancar”, sostuvo, y agregó un elemento que terminó de exponer el núcleo del conflicto: “Vos no tenés la potestad de echar a nadie”. En esa frase se condensa la discusión central: la autoridad dentro del espacio.
La ampliación: militancia, redes y ruptura de la contención
El intercambio, lejos de quedar encapsulado, abrió la puerta a una participación más amplia de dirigentes y militantes, que comenzaron a tomar posición en una discusión que ya no podía ocultarse. La dinámica de las redes sociales amplificó el conflicto y lo trasladó a la agenda pública, donde cada intervención sumaba tensión a un escenario que ya estaba cargado.
Agustín Romo, uno de los dirigentes afectados por el reordenamiento bonaerense, intentó bajar el tono con un mensaje que apeló a la unidad: “Por favor, ninguno deje de seguir a Milei. Tenemos la chance histórica de cambiar este país. No la dejemos pasar”. Sin embargo, el intento de moderación quedó desbordado por la intensidad de la disputa.
En paralelo, otras voces del ecosistema libertario digital intervinieron con un tono aún más crítico, instalando la idea de que el espacio se está volviendo “tibio”, lo que agrega una dimensión ideológica a la crisis.
El trasfondo: una disputa por el rumbo del mileísmo
Ese elemento agrega una capa más profunda al conflicto. La discusión no es solo entre sectores internos por el control del poder, sino también entre dos formas de entender el rumbo del oficialismo.
De un lado aparece un intento de consolidar estructura, ordenar el territorio y disciplinar la comunicación. Del otro, una visión que busca sostener la identidad disruptiva que caracterizó al espacio en su origen.
La provincia de Buenos Aires se convierte en el escenario donde esa tensión se materializa. El avance del armado político alineado con Karina Milei implica una redistribución del poder real dentro del espacio, con impacto directo en la definición de candidaturas y en el control legislativo.
El impacto político: un conflicto que ya trasciende al oficialismo
El conflicto también tiene una dimensión comunicacional. La relación entre la conducción política y la militancia digital entra en tensión en un momento donde el gobierno busca ordenar su funcionamiento interno.
La simultaneidad de factores —judicial, territorial, político y comunicacional— explica por qué la interna alcanzó el nivel de exposición actual. No se trata de un episodio aislado, sino de la convergencia de tensiones acumuladas.
En ese contexto, el rol de Javier Milei es observado con atención. Cada gesto del Presidente es leído en clave interna como una señal de alineamiento o delimitación de poder.
La Libertad Avanza enfrenta así su primera gran crisis interna desde que llegó al poder. Y cuando una disputa por la conducción se vuelve pública, deja de ser una diferencia interna para transformarse en un factor que impacta en todo el sistema político argentino.


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