
La guerra libertaria ya no se oculta: Caputo, Karina y los Menem entraron en una pelea total por el control del poder
Alejandro CabreraLa interna libertaria dejó de ser una sospecha para convertirse en un hecho político visible. Lo que empezó como diferencias tácticas sobre comunicación, armado partidario y control territorial terminó transformándose en una guerra abierta que atraviesa al Gobierno, al Congreso, a las redes sociales, a la SIDE, a la estructura partidaria y hasta a la Justicia electoral.
La tensión explotó alrededor del caso Manuel Adorni, pero en realidad venía acumulándose desde mucho antes. El problema para Javier Milei es que el conflicto ya no se puede esconder detrás del discurso de unidad. Las operaciones digitales, los ataques cruzados, los mensajes en X, las denuncias judiciales y los movimientos internos empezaron a mostrar algo mucho más profundo: el mileísmo está discutiendo quién controla el futuro del poder libertario.
En la Casa Rosada ya no hablan solamente de diferencias. Hablan de facciones.
El origen real de la pelea
La interna tiene una raíz clara: La Libertad Avanza pasó de ser un fenómeno político outsider a convertirse en un partido de gobierno. Y gobernar implica administrar poder real: candidaturas, cajas políticas, estructura territorial, inteligencia, comunicación, Congreso y armado electoral.
Ahí aparecen las diferencias.
Karina Milei y el esquema de los Menem —especialmente Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem— impulsan un modelo de partido vertical, territorial y disciplinado. Quieren consolidar La Libertad Avanza como una estructura nacional controlada directamente desde el karinismo, con dirigentes propios, sellos partidarios, afiliaciones y armado electoral bajo mando centralizado.
Del otro lado aparece Santiago Caputo, que representa otra lógica de construcción de poder. Su influencia no se basa tanto en el sello partidario sino en la estrategia política, la comunicación, la batalla cultural y el universo digital que ayudó a construir el fenómeno Milei.
El problema es que ambos modelos chocan.
Karina necesita estructura.
Caputo necesita control estratégico.
Y ambos creen estar defendiendo al verdadero mileísmo.
El caso Adorni como detonador
La crisis alrededor de Manuel Adorni terminó funcionando como acelerador de todas las tensiones acumuladas. El vocero presidencial, convertido ya en figura política central del Gobierno, quedó envuelto en cuestionamientos patrimoniales y en versiones sobre propiedades, declaraciones y movimientos económicos que obligaron a la Casa Rosada a cerrar filas.
Pero mientras públicamente el oficialismo intentaba defenderlo, puertas adentro empezó otra discusión mucho más sensible: quién había filtrado información, quién estaba usando el caso para golpear internamente y qué sector podía quedar debilitado políticamente.
Ahí la interna explotó.
Los sectores alineados con Santiago Caputo interpretaron que el karinismo y el esquema Menem-Pareja empezaban a erosionar poder simbólico dentro del Gobierno. Del lado karinista, en cambio, crecieron las sospechas sobre operaciones digitales vinculadas al universo de Caputo y las Fuerzas del Cielo.
La guerra dejó de ser silenciosa.
Martín Menem y el episodio que incendió todo
Uno de los momentos más explosivos fue la polémica alrededor de cuentas de X vinculadas a Martín Menem. El episodio generó acusaciones internas, filtraciones y una pelea pública donde incluso referentes libertarios alineados con el oficialismo terminaron cuestionando versiones difundidas desde sectores cercanos al poder.
El tema parecía menor: cuentas, trolls y publicaciones digitales.
Pero dentro del mileísmo las redes no son accesorias.
Son territorio político.
Las cuentas libertarias funcionan como aparato de presión, defensa, disciplinamiento y construcción de narrativa. Por eso el episodio escaló tan rápido. No era solamente una pelea de redes: era una discusión sobre quién controla el ecosistema digital del oficialismo.
Y en el universo libertario, controlar la narrativa equivale a controlar buena parte del poder.
Las Fuerzas del Cielo contra el karinismo
Las Fuerzas del Cielo aparecieron como otro actor central de la interna. El grupo, alineado con sectores cercanos a Santiago Caputo y figuras del núcleo duro digital libertario, funciona como una estructura de militancia cultural y comunicacional extremadamente activa dentro del oficialismo.
Desde el karinismo empezaron a mirar con desconfianza el crecimiento de ese espacio. El temor es claro: que el ecosistema caputista construya una legitimidad paralela al partido formal controlado por Karina Milei.
La tensión escaló todavía más cuando Sebastián Pareja —uno de los principales armadores bonaerenses de Karina Milei— denunció hostigamiento digital y aparecieron causas vinculadas a afiliaciones partidarias presuntamente irregulares.
Ese episodio mostró que la pelea ya había cruzado otra frontera: de las redes pasó a la Justicia.
La batalla por la SIDE
Pero el conflicto más delicado quizás no esté ni en las redes ni en el partido.
Está en la inteligencia.
En los últimos meses crecieron las versiones sobre tensiones entre el karinismo y Santiago Caputo alrededor del control de áreas sensibles de la SIDE y de la nueva estructura de inteligencia del Gobierno.
Ese punto es especialmente grave porque ya no se trata solamente de comunicación política o armado territorial. Se trata de organismos del Estado con acceso a información sensible, vínculos internacionales y capacidad operativa.
Caputo conserva influencia fuerte en sectores estratégicos vinculados a inteligencia y geopolítica. Dentro del oficialismo muchos interpretaron incluso su reciente viaje a Washington como una señal de que mantiene respaldo importante en áreas vinculadas a la relación con Estados Unidos.
Karina Milei, en cambio, busca consolidar el control político absoluto del Gobierno y reducir espacios autónomos dentro del esquema oficialista.
La pelea por la SIDE es, en realidad, una pelea por el corazón del poder.
Milei: el único que puede ordenar
Dentro del Gabinete empieza a crecer una preocupación cada vez más fuerte: Javier Milei es prácticamente el único capaz de frenar la guerra interna.
El problema es que el Presidente parece resistirse a intervenir de manera directa.
Algunos funcionarios creen que Milei minimiza la gravedad del conflicto. Otros sostienen que evita involucrarse porque no quiere romper definitivamente con ninguno de los sectores. También hay quienes creen que el Presidente todavía subestima cuánto daño político puede producir una interna permanente.
Pero mientras Milei duda, la pelea escala.
Funcionarios oficialistas ya hablan en privado de un “descontrol” interno y de un nivel de tensión entre sectores que empieza a preocupar incluso a dirigentes libertarios que hasta hace poco negaban cualquier fractura.
La gran pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse un gobierno cuya principal fuerza política parece vivir en campaña permanente contra sí misma.
El verdadero trasfondo: 2027
Toda la interna tiene un telón de fondo evidente: el futuro del poder libertario.
Karina Milei quiere consolidar un partido nacional propio y garantizar que La Libertad Avanza quede bajo conducción absoluta del karinismo.
Martín Menem y Lule Menem son piezas clave de ese esquema porque aportan territorialidad, estructura legislativa y experiencia política.
Santiago Caputo, en cambio, representa otra cosa: el mileísmo ideológico, la batalla cultural y la construcción estratégica de largo plazo.
Ninguno quiere quedar subordinado completamente al otro.
Y todos saben algo: si Milei logra reelegir o consolidar poder en 2027, quien controle el aparato libertario controlará buena parte del futuro político argentino.
Por eso la pelea es tan feroz.
El riesgo político para Milei
La paradoja es brutal.
La Libertad Avanza llegó al poder prometiendo terminar con las viejas prácticas políticas.
Pero hoy el oficialismo empieza a parecerse cada vez más a los partidos tradicionales que decía combatir: internas salvajes, operaciones cruzadas, disputas por cargos, guerra de sellos, afiliaciones sospechadas, aparatos digitales y pelea por organismos estratégicos.
Ese desgaste puede tener costo político.
No necesariamente inmediato.
Pero sí acumulativo.
El Gobierno todavía conserva una ventaja enorme: Javier Milei sigue teniendo centralidad absoluta y una base social intensa. Pero incluso los liderazgos fuertes necesitan orden interno para sostenerse.
La economía puede mostrar mejoras.
La inflación puede bajar.
Pero si el oficialismo transmite descontrol político permanente, el desgaste puede empezar a erosionar credibilidad.
El punto de fondo
La interna libertaria ya no es un rumor ni una exageración periodística.
Es una disputa real por el control del poder.
Karina Milei intenta consolidar una estructura vertical y partidaria.
Los Menem quieren transformar el mileísmo en aparato político estable.
Santiago Caputo busca conservar el control estratégico y simbólico del proyecto libertario.
Las Fuerzas del Cielo funcionan como brazo digital y cultural de esa pelea.
Y Javier Milei aparece atrapado entre facciones que dicen defenderlo mientras se destruyen entre sí.
La guerra todavía no llegó a un punto de ruptura total.
Pero la tensión ya atraviesa redes, Congreso, Justicia, SIDE, partido y Gobierno.
Y en la Casa Rosada empieza a instalarse una pregunta que hasta hace poco parecía impensada:
si el verdadero problema del mileísmo ya no está afuera.
Sino adentro del propio poder libertario.


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