
Meloni y Trump pasaron de aliados a enemigos: Irán, el Papa y una foto desataron una pelea diplomática
Alejandro CabreraDurante más de un año, Giorgia Meloni construyó cuidadosamente una relación especial con Donald Trump. La primera ministra italiana compartía con el presidente estadounidense una agenda conservadora, un discurso crítico de la inmigración irregular y una mirada común sobre la crisis de las democracias occidentales.
Esa cercanía debía convertir a Italia en el principal interlocutor europeo de la nueva Casa Blanca. Pero la estrategia terminó chocando contra un problema que Meloni no había calculado completamente: Trump podía valorar la lealtad personal, pero también podía interpretar cualquier desacuerdo como una traición.
Lo que comenzó como una alianza ideológica terminó convertido en una pelea pública que ya afecta las relaciones entre Italia y Estados Unidos.
De Mar-a-Lago a la “relación especial”
La etapa de mayor cercanía comenzó el 4 de enero de 2025, cuando Meloni viajó sorpresivamente a la residencia de Trump en Mar-a-Lago, Florida, pocos días antes de que asumiera nuevamente la presidencia.
Trump la presentó ante sus invitados como una “mujer fantástica” que había sorprendido a Europa. La dirigente italiana respondió agradeciendo la recepción y aseguró que estaba preparada para trabajar junto con el nuevo gobierno estadounidense.
Dos semanas más tarde, Meloni volvió a viajar a Estados Unidos para participar de la asunción presidencial. Fue la única dirigente europea de primer nivel presente en la ceremonia y quedó ubicada como la principal candidata a convertirse en el puente político entre Trump y la Unión Europea.
La apuesta tenía una lógica clara. Italia necesitaba proteger sus exportaciones ante la amenaza de los aranceles estadounidenses, evitar un choque comercial entre Washington y Bruselas y conservar la presencia militar norteamericana en territorio italiano.
Trump también veía ventajas en esa relación. Meloni era una gobernante conservadora, poseía estabilidad política y mantenía una influencia creciente dentro de Europa.
Durante varios meses, ambos dirigentes se elogiaron públicamente y evitaron exhibir sus diferencias.
En abril de 2025, Meloni viajó a la Casa Blanca en medio de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea. Su objetivo era posicionarse como mediadora y evitar que las medidas proteccionistas de Trump perjudicaran especialmente a las empresas italianas.
La primera ministra cuidó el vínculo incluso cuando otros líderes europeos comenzaron a cuestionar la posición estadounidense sobre Ucrania, la presión para incrementar los gastos militares de la OTAN y el respaldo de Washington a Israel.
Pero aquella aparente armonía tenía límites.
La guerra contra Irán cambió la relación
El quiebre comenzó cuando Estados Unidos e Israel intensificaron sus operaciones contra Irán y Trump exigió un mayor involucramiento de los aliados europeos.
Italia aceptaba el objetivo de impedir que Teherán desarrollara armas nucleares, pero Meloni no estaba dispuesta a incorporar directamente a su país en una guerra profundamente impopular entre los italianos.
La tensión aumentó cuando Roma rechazó que aviones estadounidenses utilizaran la base de Sigonella, en Sicilia, para realizar operaciones ofensivas contra Irán sin una autorización parlamentaria.
El gobierno italiano sostuvo que la utilización de las bases se encontraba regulada por acuerdos bilaterales y que cualquier participación en una operación de guerra requería respetar los procedimientos constitucionales.
Trump interpretó aquella decisión como una negativa de Meloni a ayudar a Estados Unidos.
En abril de 2026, el presidente estadounidense aseguró estar “sorprendido” por la conducta de la dirigente italiana. La acusó de no colaborar para contener el programa nuclear iraní y afirmó que pretendía que Estados Unidos realizara por Italia el trabajo más peligroso.
También cuestionó el supuesto coraje de Meloni, con quien hasta entonces había intercambiado numerosos elogios.
La primera ministra respondió con una frase que confirmó la profundidad del desacuerdo: el coraje también consiste en decir lo que uno piensa cuando no coincide con un aliado.
La guerra produjo, además, un fuerte impacto económico sobre Europa. El aumento de los precios energéticos perjudicó a Italia y elevó el costo político interno de la cercanía de Meloni con la Casa Blanca.
La estrategia de presentarse como la interlocutora privilegiada de Trump comenzaba a convertirse en una carga.
El ataque contra el Papa abrió una herida más profunda
La relación sufrió otro golpe cuando Trump atacó públicamente al papa León XIV por sus críticas a la guerra contra Irán y por sus llamados a proteger a los migrantes.
El mandatario estadounidense calificó al pontífice de manera despectiva y publicó una imagen creada con inteligencia artificial en la que aparecía representado como una figura semejante a Jesucristo.
La reacción en Italia fue inmediata.
Meloni, que inicialmente había evitado confrontar directamente con Trump, terminó afirmando que sus declaraciones contra el Papa eran “inaceptables”. También defendió el derecho del pontífice a pedir la paz y condenar las guerras.
La decisión tenía un enorme peso político. El Papa no es solamente el jefe de la Iglesia católica: también es el obispo de Roma y una figura con una influencia histórica y cultural extraordinaria dentro de Italia.
Hasta sectores de la derecha italiana que habían respaldado a Trump salieron en defensa de León XIV.
Trump respondió aumentando la presión sobre Meloni. Afirmó que la primera ministra no parecía preocuparse por la posibilidad de que Irán obtuviera un arma nuclear y sostuvo que Teherán podría destruir Italia rápidamente.
Desde ese momento, el enfrentamiento dejó de ser una discusión secundaria. La Casa Blanca comenzó a presentar a Meloni como una aliada poco confiable, mientras Roma acusaba a Trump de no respetar las posiciones soberanas de sus socios.
En mayo, cuando el presidente estadounidense sugirió que podía retirar tropas norteamericanas de Italia y España, Meloni aclaró que no apoyaría esa decisión.
La dirigente intentaba mantener una línea compleja: defender la alianza histórica con Estados Unidos sin aceptar una subordinación automática ante cada decisión de Trump.
La aparente reconciliación en el G7
La cumbre del G7 celebrada en Évian-les-Bains, Francia, parecía ofrecer una oportunidad para reparar la relación.
Meloni y Trump mantuvieron conversaciones directas y las autoridades italianas describieron el intercambio como útil para aclarar diferencias. La primera ministra insistió en la necesidad de conservar la unidad de Occidente frente a las grandes crisis internacionales.
Durante uno de los encuentros, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, bromeó preguntándoles si finalmente habían vuelto a ser amigos.
Meloni contestó: “Siempre fuimos amigos”.
Trump afirmó que se había sentido abandonado y la primera ministra le respondió, con una sonrisa, que eso no era cierto.
Las imágenes parecían mostrar una tregua. Ambos dirigentes conversaron durante varios minutos y se sentaron juntos en distintos momentos de la cumbre.
Sin embargo, la reconciliación duró muy poco.
La discusión por la fotografía
El nuevo escándalo comenzó cuando Trump concedió una entrevista al canal italiano La7.
Aunque el periodista le estaba preguntando sobre Ucrania, el mandatario introdujo por iniciativa propia el nombre de Meloni y afirmó que la primera ministra le había rogado para tomarse una fotografía con él durante el G7.
Según su relato, Meloni quería desesperadamente aquella imagen y él solamente aceptó porque sintió pena por ella.
La declaración fue interpretada en Roma como una humillación pública.
Meloni respondió mediante un video en sus redes sociales y afirmó que la historia era “completamente inventada”. Dijo estar sorprendida por la manera en que Trump trataba a sus propios aliados y consideró decepcionante que no mostrara la misma dureza frente a los enemigos de Estados Unidos y de Occidente.
Luego lanzó la frase que transformó la discusión personal en un asunto nacional:
“Ni yo ni Italia rogamos jamás”.
El gobierno italiano cerró filas detrás de su primera ministra. El canciller Antonio Tajani canceló el viaje que tenía programado a Estados Unidos para los días 21 y 22 de junio y sostuvo que las palabras de Trump no solamente habían ofendido a Meloni, sino a toda Italia.
Giovanbattista Fazzolari, uno de los funcionarios más cercanos a la jefa de Gobierno, acusó al presidente estadounidense de estar destruyendo las históricas relaciones entre Estados Unidos y Europa.
Incluso varios dirigentes de la oposición italiana defendieron a Meloni, pese a cuestionar desde hacía tiempo su estrategia de acercamiento con Trump.
Trump redobló la apuesta
Lejos de retroceder, Trump volvió a insistir este sábado 20 de junio.
En una publicación realizada desde su red social, sostuvo que Meloni le había solicitado una fotografía “una y otra vez” durante la cumbre del G7. En su primera versión del mensaje llegó a escribir incorrectamente su nombre como “Gigiorgia”, aunque después lo corrigió.
El presidente estadounidense afirmó además que la primera ministra quería volver a ser su amiga para mejorar sus números en las encuestas italianas.
También relacionó nuevamente la pelea con la guerra contra Irán. La acusó de haberle dado la espalda a Estados Unidos al impedir el uso de las pistas y bases instaladas en Italia para las operaciones militares.
Según Trump, Washington había invertido enormes recursos en proteger a Italia y a los demás miembros de la OTAN, pero no había recibido la colaboración esperada cuando decidió enfrentar a Teherán.
La discusión por la fotografía terminó mostrando que la verdadera pelea nunca había sido por una imagen.
El conflicto de fondo era quién decidía sobre el uso del territorio italiano, hasta dónde llegaba la obligación de acompañar militarmente a Estados Unidos y qué significaba realmente ser un aliado de Washington.
La respuesta más dura de Meloni
Meloni contestó pocas horas después y elevó todavía más el tono.
Calificó los ataques de Trump como “constantes, no provocados y absurdos”. Aseguró que su popularidad no dependía de su relación con el presidente estadounidense, sino de su capacidad para defender los intereses nacionales de Italia.
También afirmó que haber sido amiga de Trump no la había ayudado políticamente.
“Mi popularidad no es asunto suyo. Le sugiero que se concentre en la suya”, sostuvo.
La primera ministra defendió además la decisión de impedir la utilización automática de las bases estadounidenses para intervenir en Irán.
Explicó que esas instalaciones se encuentran reguladas por acuerdos que Italia siempre respetó, pero que no pueden utilizarse vulnerando las normas acordadas entre ambos países.
“As long as I am prime minister, Italy remains a sovereign nation”, expresó en su mensaje dirigido a Trump: mientras ella sea primera ministra, Italia seguirá siendo una nación soberana.
Meloni indicó finalmente que no tenía intención de continuar discutiendo públicamente el episodio.
Una pelea que supera a sus protagonistas
La disputa revela el fracaso, al menos momentáneo, de la estrategia con la que Meloni intentó relacionarse con Trump.
Durante 2025, la dirigente italiana apostó a que la afinidad ideológica le permitiría influir sobre el presidente estadounidense y evitar los choques que sufrían otros gobiernos europeos.
El resultado fue inicialmente favorable. Meloni obtuvo acceso directo a Trump, aumentó su visibilidad internacional y fue presentada como una posible mediadora entre Washington y Bruselas.
Pero la guerra contra Irán demostró que la cercanía tenía condiciones.
Trump esperaba que Italia respaldara sus decisiones estratégicas, mientras Meloni creía que podía conservar la amistad personal sin renunciar a la autonomía italiana.
La negativa sobre las bases militares, la defensa del Papa y las críticas a la guerra hicieron estallar esa contradicción.
La pelea también llega en un momento delicado para la OTAN. Estados Unidos continúa reclamando un mayor gasto militar europeo y exige una colaboración más directa de sus aliados, mientras varios gobiernos intentan evitar que la alianza quede subordinada a decisiones unilaterales de Washington.
Italia sigue siendo uno de los principales centros logísticos de las fuerzas estadounidenses en Europa y el Mediterráneo. Por eso, un deterioro prolongado de la relación tendría consecuencias que van mucho más allá de una fotografía o de un intercambio de insultos.
Meloni pasó de ser presentada como la dirigente europea que mejor comprendía a Trump a convertirse en una de las pocas líderes conservadoras que decidió enfrentarlo públicamente.
Trump, por su parte, transformó a una de sus aliadas más cercanas en un nuevo objetivo político.
La relación estructural entre Italia y Estados Unidos probablemente sobrevivirá a la pelea personal. Pero la imagen de Meloni como “susurradora de Trump”, capaz de moderarlo y utilizar su cercanía en beneficio de Europa, quedó seriamente dañada.
En apenas un año y medio, ambos dirigentes pasaron de los elogios en Mar-a-Lago a acusarse públicamente de mentir, traicionar alianzas y utilizar la amistad para obtener beneficios políticos.


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