
China vuelve a respaldar a la Argentina por Malvinas en medio de la nueva disputa diplomática con Londres
Alejandro CabreraChina volvió a colocar una ficha importante sobre el tablero de Malvinas. El embajador de Beijing en Buenos Aires, Wang Wei, aprovechó la recepción por el 77° aniversario de la fundación de la República Popular China para ratificar públicamente el respaldo de su país al reclamo argentino de soberanía sobre las islas. Frente a funcionarios argentinos, entre ellos el canciller Pablo Quirno y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, el diplomático aseguró que China acompaña lo que definió como el “legítimo reclamo” argentino sobre el archipiélago. No fue una declaración aislada ni improvisada: Wang la presentó como parte de una relación política en la que ambos países se respaldan en cuestiones que consideran vinculadas con sus respectivos intereses fundamentales.
Ese punto resulta central para entender el mensaje. Wang recordó que la Argentina mantiene su adhesión al principio de “una sola China”, mediante el cual reconoce a la República Popular China como el gobierno chino y no mantiene relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán. Inmediatamente después ubicó el respaldo chino a Malvinas dentro de ese mismo marco de apoyo político mutuo. No significa que ambas controversias sean jurídicamente equivalentes, sino que Beijing las incorpora dentro de una relación bilateral basada, según su propia formulación diplomática, en el acompañamiento sobre asuntos considerados “intereses fundamentales”. Ya en mayo de este año, durante una reunión entre el canciller chino Wang Yi y Pablo Quirno, China agradeció la posición argentina sobre Taiwán mientras la delegación argentina volvió a destacar el apoyo chino en la cuestión Malvinas.
La posición china, además, tiene antecedentes de larga data. Una declaración conjunta bilateral de 2010 ya establecía que Beijing respaldaba el reclamo argentino de soberanía y apoyaba la reanudación de negociaciones entre la Argentina y el Reino Unido para alcanzar una solución pacífica de acuerdo con las resoluciones de Naciones Unidas. En 2022, cuando Londres cuestionó expresamente esa posición, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino respondió que su postura era “consistente y clara” y volvió a apoyar el reclamo argentino. También reclamó que la controversia fuera resuelta mediante negociaciones pacíficas. Es decir: el pronunciamiento de Wang Wei de septiembre de 2026 no constituye un giro de la política exterior china provocado por los acontecimientos recientes; lo novedoso es el contexto internacional en el que Beijing decidió volver a remarcarlo públicamente.
Y ese contexto cambió de manera acelerada. En las últimas semanas, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a introducir Malvinas en la agenda internacional al plantear públicamente la posibilidad de revisar la histórica neutralidad estadounidense sobre la disputa y ofrecerse como eventual mediador entre Buenos Aires y Londres. Según informó LA NACION, Trump incluso afirmó que no necesariamente acudiría en ayuda del Reino Unido ante un eventual conflicto, declaraciones que generaron repercusiones tanto en la Argentina como en Gran Bretaña. Hasta ahora Washington reconoce la administración británica de facto del archipiélago pero no adopta formalmente una posición sobre la soberanía.
La reacción del Gobierno argentino fue incorporar Malvinas con mucha mayor intensidad a su agenda política y diplomática. Javier Milei anunció una serie de medidas destinadas a aumentar la presión sobre las actividades económicas desarrolladas sin autorización argentina en las aguas que rodean las islas. Entre ellas aparece un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que busca endurecer las sanciones contra empresas vinculadas con operaciones en el área, ampliar el alcance de la legislación existente y alcanzar eventualmente a compañías relacionadas con la explotación de recursos naturales. Reuters informó que el Gobierno estudia incluso extender el esquema de sanciones a nuevas actividades económicas, mientras distintas empresas internacionales comenzaron a evaluar los riesgos jurídicos y comerciales de participar en proyectos asociados al archipiélago.
El trasfondo inmediato es fundamentalmente económico. Uno de los principales puntos de tensión es el proyecto petrolero Sea Lion, ubicado al norte de las islas y cuya producción está prevista para comenzar durante los próximos años. La Argentina considera ilegítima cualquier explotación de recursos realizada sin su autorización en las áreas marítimas que reclama como propias. Las autoridades de las islas y el Reino Unido sostienen, en cambio, que poseen facultades para desarrollar esos recursos y otorgar licencias. Londres afirmó este año que respalda el derecho de los habitantes de las islas a explotar sus recursos económicos y sostiene que no negociará soberanía sin el consentimiento de los isleños.
Allí aparece una de las diferencias de fondo que lleva décadas bloqueando cualquier negociación. La posición argentina sostiene que existe una disputa bilateral de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido reconocida internacionalmente y que ambos países deben sentarse a negociar. Naciones Unidas continúa registrando expresamente la existencia de esa disputa, mientras su Comité Especial de Descolonización mantiene el tema dentro de su agenda. La Argentina argumenta además que el principio de autodeterminación no resulta aplicable en este caso de la misma manera que en otros procesos coloniales. El Reino Unido sostiene la posición contraria: afirma que los habitantes de las islas tienen derecho a determinar su futuro político y recuerda el referéndum de 2013, en el que una mayoría abrumadora votó por mantener el vínculo con Londres.
En junio de 2026, la Organización de Estados Americanos volvió a adoptar por aclamación una declaración que reclama a la Argentina y al Reino Unido que reanuden cuanto antes las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la controversia. También distintos países latinoamericanos y agrupaciones regionales reiteraron posiciones favorables al diálogo bilateral. China participa además de esos pronunciamientos a través del G77+China y, de manera individual, mantiene una postura más explícita a favor del reclamo argentino.
Por eso el pronunciamiento de Wang Wei tiene una dimensión que excede la relación bilateral. China es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, una potencia global y, simultáneamente, mantiene importantes relaciones comerciales tanto con la Argentina como con el Reino Unido. De hecho, Beijing y Londres retomaron durante 2026 mecanismos de diálogo estratégico y buscan ampliar su cooperación económica. El apoyo chino a la posición argentina sobre Malvinas convive, por lo tanto, con una relación diplomática activa con el propio Reino Unido, algo que demuestra que Beijing separa ese desacuerdo territorial de otros aspectos de su vínculo con Londres.
El mensaje también tuvo un componente económico directo hacia la Casa Rosada. Wang recordó que China continúa siendo uno de los principales socios comerciales de la Argentina, el mayor destino de varias exportaciones agroindustriales y una fuente relevante de inversión. Mencionó además el swap de monedas, las exportaciones argentinas de trigo y maíz, la cooperación tecnológica, la expansión de fabricantes chinos de vehículos eléctricos y las conversaciones para reactivar las represas hidroeléctricas de Santa Cruz. Es decir, Beijing utilizó el mismo discurso para enviar dos señales: una política, respaldando la posición argentina sobre Malvinas, y otra económica, recordando el peso que mantiene China dentro de la estructura comercial argentina.
El escenario empieza así a adquirir una dimensión internacional poco habitual durante los últimos años. Estados Unidos volvió a hablar de Malvinas; China reafirmó explícitamente su respaldo a la Argentina; Londres endureció públicamente la defensa de su posición y de la autodeterminación de los isleños; mientras Buenos Aires busca transformar su reclamo diplomático en medidas económicas, legales y estratégicas concretas. Ninguna de esas señales modifica por sí sola la situación jurídica ni administrativa del archipiélago, pero sí demuestra que la disputa dejó de permanecer exclusivamente dentro de los canales diplomáticos tradicionales y volvió a insertarse en la competencia geopolítica y económica del Atlántico Sur.
En ese tablero, el respaldo chino representa para la Argentina un apoyo diplomático significativo, aunque no modifica automáticamente la correlación existente sobre el terreno. Beijing ya acompañaba el reclamo argentino mucho antes de esta nueva escalada. La diferencia es que ahora lo vuelve a decir públicamente mientras Malvinas recupera centralidad internacional, aparecen nuevos intereses petroleros, Estados Unidos introduce interrogantes sobre su posición y la Casa Rosada prepara nuevas herramientas legales contra las empresas que operan alrededor de las islas. Después de años en los que la controversia parecía moverse lentamente, el Atlántico Sur vuelve a convertirse en un escenario donde se cruzan soberanía, energía, comercio y competencia entre potencias.


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