Matías Ghidini: “Argentina tiene un mercado laboral a dos velocidades y lo que se perdió de poder adquisitivo no se va a recuperar”

El especialista en mercado laboral Matías Ghidini analizó en NewsBA Live la transformación del empleo argentino. Energía, minería, petróleo, gas, campo y finanzas aparecen entre los sectores con mejores perspectivas, mientras comercio, consumo masivo, construcción, textiles y gastronomía atraviesan mayores dificultades. Advirtió además sobre la pérdida salarial, el avance de la inteligencia artificial y una reconversión que puede dejar trabajadores y empresas en el camino.
Economía10 de agosto de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

El mercado laboral argentino está atravesando una transformación profunda que no puede resumirse simplemente diciendo que se crea o se destruye empleo. Existen sectores donde las compañías buscan trabajadores, pagan mejores salarios y encuentran dificultades para cubrir determinados puestos, mientras otras actividades reducen personal, cierran establecimientos o atraviesan una fuerte contracción.

Esa es una de las principales conclusiones que dejó Matías Ghidini, especialista en mercado laboral, durante una entrevista en NewsBA Live. Para Ghidini, la Argentina presenta actualmente una marcada “heterogeneidad”: no existe una única realidad laboral, sino diferentes economías funcionando prácticamente en paralelo.

Energía, petróleo, gas, minería, agro y servicios financieros están ubicados entre los sectores relativamente favorecidos por el nuevo escenario económico. En el otro extremo aparecen el comercio minorista, el consumo masivo, los bienes durables, la gastronomía, determinados segmentos de hotelería y entretenimiento, la industria textil, la construcción y algunas ramas manufactureras.

La diferencia no es únicamente sectorial. También es geográfica. Las provincias beneficiadas por actividades energéticas, mineras o agropecuarias muestran indicadores laborales diferentes de los grandes conglomerados urbanos, donde se concentran industrias y actividades vinculadas directamente con el consumo interno.

El resultado es una Argentina laboral que, al igual que su economía, funciona a dos velocidades.

Los sectores que ganan y los que pierden

Ghidini explicó que ingresar actualmente a una empresa vinculada con minería, petróleo, gas o energía representa una situación completamente diferente a buscar empleo en una actividad dependiente del consumo.

Mientras determinados proyectos productivos incorporan trabajadores, otras compañías atraviesan procesos de reducción de personal. Para el especialista, la reorganización ya está ocurriendo y todavía resulta imposible saber cuál será el saldo definitivo.

Hay farmacéuticas incorporando empleados y empresas vinculadas con servicios petroleros que necesitan personal, pero simultáneamente existen compañías de consumo que despiden trabajadores y plantas industriales que cierran.

La diferencia obliga a abandonar la mirada tradicional según la cual una recuperación o una crisis económica impacta de manera relativamente uniforme sobre toda la estructura productiva.

El nuevo modelo está generando ganadores y perdedores.

Y esa situación también está modificando el mapa laboral argentino.

Según las cifras mencionadas por Ghidini durante la entrevista, la desocupación nacional se encontraba en el 7,8% durante el primer trimestre de 2026, pero en grandes centros urbanos como el Gran Buenos Aires, Gran Córdoba o San Nicolás se acercaba al 9% o 10%. En provincias vinculadas con algunas de las actividades actualmente más dinámicas, los indicadores eran considerablemente mejores.

La oportunidad laboral empieza, por lo tanto, a depender cada vez más de una combinación entre qué sabe hacer una persona, en qué sector trabaja y en qué región vive.

El empleo informal sigue siendo uno de los grandes problemas

La reforma laboral impulsada por el Gobierno buscó disminuir los costos y obstáculos asociados con la contratación formal. Ghidini consideró que avanzar hacia una modernización del régimen laboral era necesario, aunque remarcó que hasta ahora no produjo una transformación significativa de la informalidad.

El problema, explicó, es que ninguna legislación puede crear empleo por sí sola.

El mercado laboral funciona mediante dos grandes motores: las regulaciones y la economía. Una legislación más flexible puede incentivar contrataciones, pero si las empresas no venden, no producen o no invierten, difícilmente incorporarán trabajadores solamente porque haya cambiado una norma.

Argentina pasó durante años por la discusión inversa. Cuando la economía no crecía, se atribuía la falta de empleo a la ausencia de actividad. Cuando aparecían períodos de crecimiento, el empleo privado formal tampoco aumentaba en la magnitud necesaria y entonces quedaban expuestas las rigideces de un sistema laboral antiguo.

Para Ghidini, la reforma aprobada fue parcial e imperfecta, pero necesaria. Ahora falta la segunda condición: que la economía crezca de manera sostenida durante suficiente tiempo para que la combinación de actividad y reglas más flexibles termine transformándose en nuevas contrataciones.

Ese resultado todavía no puede observarse claramente.

Salarios: “Hay una pérdida que no se va a recuperar nunca más”

Uno de los diagnósticos más duros de la entrevista estuvo relacionado con los salarios.

Ghidini cuestionó las interpretaciones que utilizan períodos muy cortos para afirmar que los ingresos recuperaron poder adquisitivo. Según explicó, cuando se amplía la perspectiva aparece una realidad bastante diferente.

Tomando los últimos ocho años mencionados durante la entrevista, la inflación superó a los salarios privados registrados en seis. Solamente en 2021 y 2024 los ingresos consiguieron mejorar frente a los precios.

Para 2026, utilizando los últimos datos disponibles citados por el especialista durante la conversación, la inflación acumulada alcanzaba aproximadamente el 14,7%, frente a un aumento cercano al 12,3% para los salarios privados registrados. La diferencia era de unos 2,4 puntos porcentuales en contra de los trabajadores.

Pero para Ghidini la discusión más importante no está solamente en lo que ocurre durante este año.

Existe una pérdida acumulada de poder adquisitivo que difícilmente pueda recuperarse.

Su conclusión fue contundente: parte de lo perdido durante los años anteriores “ya está perdido”. En lugar de esperar una recomposición capaz de devolver automáticamente a trabajadores y familias el nivel de vida de otros momentos, considera necesario pensar cuánto pueden comenzar a recuperar de aquí hacia adelante.

El escenario más optimista para 2026 sería acercarse a un empate entre salarios e inflación y eventualmente comenzar a obtener alguna mejora real durante 2027.

El problema no es solamente la inflación: también cambió el costo de vida

La desaceleración inflacionaria tampoco significa automáticamente que las familias hayan recuperado capacidad de compra.

Durante la entrevista surgió una diferencia central entre inflación y costo de vida. Algunos gastos esenciales tuvieron modificaciones que no necesariamente se corresponden con el promedio general del índice de precios.

Tarifas, energía, servicios y otros componentes del presupuesto familiar pueden aumentar de manera diferente al salario, generando la sensación de que los ingresos continúan siendo insuficientes incluso cuando determinados indicadores muestran estabilización.

Las empresas, además, no necesariamente ajustan los salarios siguiendo el costo individual que enfrenta cada trabajador. Evalúan inflación, productividad, rentabilidad y disponibilidad de mano de obra.

Cuando existe una gran cantidad de personas buscando empleo, las compañías tampoco enfrentan la misma presión para mejorar remuneraciones.

Ghidini resumió el resultado de manera directa: en términos generales, los argentinos ganan menos en términos reales que años atrás.

Las PyMEs resisten, pero contratan con mayor prudencia

Las pequeñas y medianas empresas tienen un lugar central porque son las principales generadoras de trabajo en Argentina.

Según Ghidini, el empresario PyME desarrolló durante décadas una capacidad particular para sobrevivir a las crisis argentinas. Está acostumbrado a escenarios cambiantes y suele mostrar mayor paciencia antes de despedir personal que una multinacional, entre otras razones porque conoce personalmente el costo económico de una desvinculación y porque sabe que la economía argentina históricamente funciona mediante ciclos.

Pero eso también vuelve mucho más prudente la contratación.

Una PyME que incorpora un trabajador necesita tener cierta certeza de que podrá sostener ese puesto. Por eso la estabilidad macroeconómica puede convertirse en un activo importante incluso cuando el nivel de actividad todavía no satisface a todos los sectores.

Ghidini destacó que actualmente existe una mayor previsibilidad sobre algunas variables. El modelo económico puede beneficiar a unas actividades y perjudicar a otras, pero el empresario tiene una idea más clara de las reglas bajo las cuales debe operar.

La contrapartida es exigente: muchas empresas están trabajando más para ganar lo mismo o incluso menos.

La nueva lógica obliga a competir, aumentar eficiencia, reducir costos y adaptarse rápidamente.

¿Qué pasa con los que pierden?

Es probablemente la pregunta más incómoda de toda transformación económica.

Si determinados sectores crecen y otros retroceden, trabajadores y empresarios ubicados en las actividades perdedoras necesitan reconvertirse. Pero Ghidini advirtió que no existe una respuesta única porque primero debe comprenderse por qué se está perdiendo.

Una empresa puede quedar rezagada porque su actividad completa está siendo desplazada por un cambio estructural, porque tiene problemas propios de productividad o porque enfrenta una caída coyuntural de la demanda.

Lo mismo ocurre con un trabajador.

Algunas capacidades mantienen o aumentan su demanda. Otras quedan expuestas a cambios tecnológicos, modificaciones económicas o procesos de automatización.

Por eso la flexibilidad y la capacidad de adaptación empiezan a transformarse en características fundamentales.

No alcanza solamente con trabajar más.

También hay que identificar hacia dónde se está desplazando la economía.

Inteligencia artificial: “El periodista no va a desaparecer, lo reemplazará el periodista que incorpore IA”

La inteligencia artificial ocupó otro lugar central de la conversación.

Ghidini rechazó tanto la idea de que la tecnología eliminará automáticamente millones de puestos como la postura contraria, según la cual prácticamente nada cambiará.

Para el especialista, el proceso todavía está abierto. La inteligencia artificial evoluciona tan rápidamente que resulta prematuro sacar conclusiones definitivas sobre cómo terminará modificando cada profesión.

Sí existe una certeza: el trabajo va a cambiar.

Las tareas más repetitivas, administrativas y transaccionales aparecen entre las más expuestas. Conciliaciones bancarias, generación de reportes, procesamiento de documentación y numerosas funciones administrativas pueden ser realizadas cada vez más mediante sistemas automatizados.

Pero eso no significa que desaparezca el componente humano de todas las profesiones.

Ghidini utilizó precisamente el periodismo como ejemplo. Un periodista continuará teniendo ventajas en entrevistas, vínculos, análisis, investigación y comprensión contextual, pero tendrá que incorporar inteligencia artificial para aumentar su productividad.

Su definición sintetiza esa transformación: el periodista probablemente no sea reemplazado por la inteligencia artificial, sino por otro periodista que sepa utilizarla mejor.

La lógica puede trasladarse a muchas profesiones.

La IA no debería ser observada exclusivamente como amenaza, sino como una herramienta comparable con la llegada de Internet, las computadoras o la digitalización. Pero aquellos que decidan ignorarla podrían quedar en clara desventaja.

Formación y capacitación serán cada vez más determinantes

La reconversión no consiste necesariamente en abandonar una carrera y comenzar otra desde cero.

Ghidini planteó que la formación complementaria puede generar diferencias muy importantes. Un abogado especializado en una industria en expansión, un profesional con conocimientos tecnológicos o un trabajador capaz de utilizar herramientas de inteligencia artificial puede encontrar oportunidades que una formación tradicional ya no garantiza por sí misma.

También destacó herramientas mucho más conocidas.

El inglés y el portugués continúan siendo ventajas competitivas concretas dentro del mercado laboral argentino.

La capacitación deberá estar, además, conectada con actividades que tengan futuro. Esfuerzo y formación aplicados sobre una tarea destinada a desaparecer difícilmente garanticen estabilidad.

El ejemplo extremo permite entenderlo: determinadas tareas administrativas pueden ser automatizadas rápidamente; una profesión como enfermería conserva un fuerte componente humano y además enfrenta escasez de personal.

No todas las capacitaciones tienen, por lo tanto, el mismo valor.

Deudas, tarjetas y familias que deben reorganizar sus gastos

La pérdida del poder adquisitivo también empieza a reflejarse en otro indicador: el endeudamiento de las familias.

Durante la entrevista se analizó el crecimiento de la morosidad en tarjetas de crédito y las dificultades de asalariados que utilizan financiamiento no para gastos extraordinarios, sino para cubrir consumos cotidianos.

Ghidini estimó que los ajustes salariales del personal privado fuera de convenio podrían ubicarse cerca del 28% durante 2026, frente a una inflación anual alrededor del 30% según las proyecciones empresariales que mencionó.

Eso implicaría otro año en el que los ingresos quedarían ligeramente por debajo de los precios.

La diferencia respecto de períodos anteriores estaría en la previsibilidad. Una inflación mensual más estable permite calcular con mayor precisión ingresos, gastos y obligaciones futuras.

Para el especialista, las familias tendrán que realizar un proceso similar al que están realizando las compañías: revisar estructuras de gastos, eliminar consumos superfluos cuando sea posible y buscar nuevas formas de generar ingresos.

El planteo tiene un límite evidente que también apareció durante la charla: existen familias cuyos ingresos directamente no alcanzan para cubrir necesidades básicas. En esos casos, ya no existe un gasto prescindible que pueda eliminarse.

Son, en la definición utilizada durante la entrevista, parte de los perdedores del modelo actual.

El empleo privado lleva una década prácticamente estancado

Ghidini también planteó que sería equivocado esperar que una sola reforma laboral resuelva rápidamente un problema acumulado durante muchos años.

Según los datos que citó en NewsBA Live, comparando aproximadamente abril de 2016 con abril de 2026, el empleo privado registrado habría caído alrededor de 1%.

La conclusión es significativa: durante aproximadamente una década Argentina no consiguió generar una expansión sostenida del trabajo privado formal.

Si la comparación se extiende todavía más, el panorama tampoco cambia sustancialmente.

Por eso el especialista considera poco realista esperar que una legislación aprobada recientemente consiga revertir inmediatamente una estructura laboral que lleva años deteriorándose.

La recuperación, en caso de producirse, necesitará tiempo, crecimiento económico y estabilidad suficiente para que las empresas vuelvan a invertir y contratar.

Un futuro con oportunidades, pero no para todos

La mirada de Ghidini sobre los próximos años no es catastrofista, pero tampoco optimista en términos ingenuos.

Si Argentina mantiene aproximadamente el mismo rumbo económico, el especialista espera un proceso largo que exigirá esfuerzo tanto a trabajadores como a empresas.

Existe mayor previsibilidad que durante otros períodos recientes, pero previsibilidad no significa automáticamente prosperidad.

Una persona puede conocer con mayor precisión cuánto ganará y cómo evolucionarán determinados precios y, a partir de eso, organizar sus cuentas. Una empresa puede proyectar inversiones y estructuras con mayor certeza.

Pero ambos pueden seguir ganando menos de lo que esperaban.

La diferencia es que la estabilización ofrece un marco sobre el cual construir algo nuevo.

Según Ghidini, el desafío consiste en dejar de pensar permanentemente en recuperar exactamente aquello que se perdió y empezar a identificar dónde estarán las oportunidades futuras.

Energía, minería, petróleo, gas, determinadas actividades agropecuarias, servicios financieros y profesiones que incorporen tecnología aparecen mejor posicionados. Otros sectores deberán aumentar su productividad, reconvertirse o enfrentar procesos de reducción.

La capacitación se vuelve entonces la frontera que puede separar cada vez más a quienes acceden a empleos con buenos ingresos de aquellos que quedan atrapados en trabajos informales, precarios o de baja remuneración.

La conclusión de la conversación refleja, en definitiva, la Argentina laboral de 2026: hay oportunidades, pero no están distribuidas de manera uniforme; hay mayor previsibilidad, pero no necesariamente mayores salarios; y existe una transformación económica que todavía no permite saber cuántos empleos nuevos surgirán por cada puesto que desaparezca.

Para trabajadores y empresarios, el mensaje de Ghidini fue similar: el esfuerzo seguirá siendo grande, pero ya no alcanza con resistir. También será necesario entender hacia dónde se mueve la economía y adaptarse antes de que el cambio deje a cada sector definitivamente atrás.

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