Elecciones en Brasil: Lula mantiene la ventaja, pero Flávio Bolsonaro empata en un balotaje y la elección queda completamente abierta

Dos nuevas encuestas publicadas este lunes 10 de agosto confirman a Luiz Inácio Lula da Silva como favorito para ganar la primera vuelta, aunque muestran una competencia mucho más cerrada para el balotaje. Nexus ubica al presidente 47% contra 44% de Flávio Bolsonaro, mientras Palver registra un empate exacto de 46% a 46%. El candidato bolsonarista ya eligió como vice al diputado Alfredo Gaspar y la campaña entra en su etapa decisiva.
Mundo11 de agosto de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Brasil ingresó definitivamente en una elección presidencial de final abierto. Luiz Inácio Lula da Silva continúa encabezando todas las principales mediciones nacionales de primera vuelta y mantiene una ventaja estructural sobre Flávio Bolsonaro, pero las encuestas más recientes muestran que esa diferencia puede reducirse considerablemente cuando la elección se transforma en un enfrentamiento directo entre izquierda y derecha.

La fotografía de este lunes 10 de agosto es más compleja que la observada apenas una semana atrás. Lula sigue siendo el candidato individualmente más fuerte, con una base electoral que ronda el 40% y una posición particularmente dominante en el nordeste brasileño. Flávio Bolsonaro, sin embargo, consiguió consolidar prácticamente todo el voto identificado con su padre y aparece instalado definitivamente como el único candidato opositor con posibilidades reales de disputar la Presidencia.

Dos estudios publicados este lunes sintetizan la incertidumbre. La nueva medición de BTG/Nexus otorga a Lula 40% frente a 35% de Flávio en primera vuelta y 47% contra 44% en una eventual segunda. La diferencia de tres puntos en el balotaje se encuentra dentro del margen de error del estudio.

La encuesta de Palver, realizada mediante entrevistas por internet, presenta un panorama todavía más ajustado. Lula obtiene 44% y Flávio Bolsonaro 40% en primera vuelta, pero en una segunda ronda ambos llegan exactamente al 46%.

La conclusión comienza a ser bastante clara: Lula continúa siendo el favorito, pero ya no existe ninguna base estadística sólida para considerar asegurada su reelección.

Las dos encuestas del 10 de agosto

Nexus realizó su novena medición electoral y encontró algunos movimientos interesantes respecto de la encuesta difundida el 3 de agosto. Lula pasó del 41% al 40%, mientras Flávio retrocedió del 37% al 35%. La diferencia, que la semana pasada era de apenas cuatro puntos, se amplió ligeramente hasta cinco.

El dato es importante porque frena, al menos momentáneamente, la fuerte recuperación que había mostrado el hijo de Jair Bolsonaro a finales de julio y comienzos de agosto. Sin embargo, la segunda vuelta continúa extremadamente competitiva: Lula alcanza 47%, Flávio 44% y la brecha de tres puntos permanece estadísticamente abierta. En la medición anterior, el resultado había sido 46% a 45%.

La lectura de Palver es incluso más dramática. Su estudio encuentra a Lula con 44% en primera vuelta y a Bolsonaro con 40%, una diferencia de cuatro puntos. Cuando todos los candidatos menores desaparecen y el electorado debe elegir solamente entre los dos principales, los dos alcanzan 46%.

Las metodologías de Nexus y Palver son diferentes y los resultados no deben compararse como si fueran una misma serie estadística. Pero ambos estudios apuntan hacia una conclusión coincidente: el verdadero partido empieza en la segunda vuelta.

Quaest también registró un fuerte acercamiento de Bolsonaro

El movimiento no comenzó este lunes. La encuesta Genial/Quaest publicada el 5 de agosto ya había mostrado una recuperación de Flávio Bolsonaro.

En primera vuelta, Lula apareció con 39%, frente al 30% del senador del Partido Liberal. Un mes antes la diferencia era de doce puntos, con Lula en 40% y Flávio en 28%. Es decir, el presidente perdió un punto mientras su principal adversario recuperó dos.

El cambio fue todavía más visible en una simulación de balotaje. Lula pasó de 45% a 44% y Flávio subió de 37% a 39%. La diferencia se redujo de ocho a cinco puntos en aproximadamente tres semanas.

Esto es relevante porque Quaest había sido hasta hace poco una de las encuestadoras que mostraban las ventajas más cómodas para el presidente. El hecho de que también registre una reducción de la distancia refuerza la idea de una elección que está entrando en una fase diferente.

Qué muestran ahora las principales encuestas

Si se observan conjuntamente las cinco mediciones nacionales más recientes disponibles —Palver, Nexus, Quaest, AtlasIntel/Bloomberg y Datafolha— Lula aparece primero en todas en la primera vuelta.

Palver encuentra 44% para Lula y 40% para Flávio. Nexus, 40% a 35%. Quaest, 39% a 30%. AtlasIntel/Bloomberg registró 44,9% contra 35,8%, mientras Datafolha había ubicado al presidente en 40% frente al 32% de Bolsonaro.

Un promedio simple y únicamente orientativo de esas cinco encuestas deja a Lula cerca del 41,6% y a Flávio Bolsonaro alrededor del 34,6%. La diferencia aproximada es de siete puntos.

El promedio no constituye una proyección electoral y mezcla estudios realizados en fechas y con metodologías diferentes. Sirve, sin embargo, para observar la estructura general de la elección: Lula mantiene una ventaja relativamente consistente en primera vuelta, pero no se aproxima lo suficiente al 50% de los votos válidos como para pensar seriamente en evitar un balotaje.

La elección sigue encaminándose hacia una segunda vuelta entre Lula y Flávio Bolsonaro el 25 de octubre.

El balotaje es mucho más peligroso para Lula

La verdadera dificultad para el presidente aparece cuando desaparecen los candidatos menores.

Palver registra un empate de 46% a 46%. Nexus encuentra 47% a 44%. Quaest, 44% a 39%. AtlasIntel/Bloomberg había medido 49,2% frente a 42,9%, y Datafolha 48% contra 43%.

Un promedio simple de esas cinco simulaciones entrega aproximadamente 46,8% para Lula y 43% para Flávio Bolsonaro.

La ventaja existe, pero es suficientemente pequeña como para que los votos de los candidatos que quedarán eliminados en primera vuelta puedan terminar definiendo la Presidencia.

La pregunta central deja entonces de ser cuánto puede crecer Flávio dentro del bolsonarismo. Ese proceso parece prácticamente completado. Ahora necesita conquistar electores conservadores o de centroderecha que no necesariamente quieren votar a Lula, pero tampoco se identifican completamente con la familia Bolsonaro.

Lula enfrenta exactamente el desafío contrario. Su objetivo es transformar una elección ideológica entre PT y bolsonarismo en una elección sobre democracia, soberanía nacional, políticas sociales y defensa de los intereses brasileños frente a presiones externas.

Flávio ya tiene candidato a vicepresidente

La campaña de Bolsonaro también resolvió durante los últimos días una de sus principales incógnitas. El senador eligió como candidato a vicepresidente al diputado federal Alfredo Gaspar, exfiscal y exsecretario de Seguridad Pública del estado de Alagoas.

Gaspar tiene un perfil centrado en seguridad y lucha contra la corrupción y representa además al nordeste brasileño, la región donde Lula conserva su mayor fortaleza electoral.

La decisión, sin embargo, también expuso algunas dificultades del bolsonarismo para ampliar su alianza. Flávio había intentado conseguir como compañera de fórmula a una figura de mayor peso político, particularmente a Tereza Cristina, exministra de Agricultura de Jair Bolsonaro y dirigente vinculada con el poderoso sector agropecuario.

No lo consiguió.

Partidos conservadores y de centroderecha que fueron fundamentales durante el gobierno de Jair Bolsonaro todavía mantienen distancia respecto de la candidatura de su hijo. Esa dificultad para incorporar al llamado “Centrão” puede convertirse en uno de los principales problemas del Partido Liberal durante la segunda vuelta.

Flávio necesita que esos sectores terminen llegando por necesidad electoral, aunque no hayan querido integrarse formalmente a su fórmula.

Lula intenta convertir a Trump en un problema para Bolsonaro

Uno de los cambios políticos más importantes desde la primera versión de esta nota es el crecimiento del factor internacional dentro de la campaña.

Donald Trump incrementó su enfrentamiento con el gobierno brasileño mediante sanciones, aranceles y restricciones diplomáticas, mientras mantiene una relación estrecha con la familia Bolsonaro.

Lula decidió aprovechar esa situación para construir una campaña basada en la defensa de la soberanía nacional. Su argumento es que los Bolsonaro prefieren perjudicar económicamente a Brasil si eso facilita su regreso al poder y comenzó a presentar a su adversario como un candidato demasiado dependiente de intereses extranjeros.

La estrategia ya había funcionado cuando la administración estadounidense aplicó aranceles a productos brasileños. Lula recuperó popularidad colocándose en el rol de presidente que enfrentaba una presión extranjera, mientras el bolsonarismo tuvo dificultades para explicar su proximidad con Trump cuando las decisiones de Washington perjudicaban a empresas y trabajadores brasileños.

La campaña de Lula intentará profundizar esa contradicción hasta octubre: identificar a Flávio con Trump y convertir la elección en una disyuntiva entre soberanía brasileña y subordinación internacional.

Milei también terminó entrando en la campaña brasileña

Javier Milei pasó a formar parte indirectamente de la discusión electoral después de viajar a São Paulo, respaldar públicamente a Flávio Bolsonaro y volver a lanzar duros ataques contra Lula.

El episodio provocó posteriormente la mayor crisis diplomática entre Argentina y Brasil desde que Milei llegó al poder. Brasil rebajó el nivel de la relación diplomática y decidió que su representación en Buenos Aires quedara encabezada por un encargado de negocios.

Para Bolsonaro, el respaldo de Milei resulta útil dentro del electorado ideológicamente identificado con la nueva derecha latinoamericana. Para Lula, en cambio, permite ampliar el mismo argumento que utiliza contra Trump: presentar a sus adversarios como aliados de dirigentes extranjeros que atacan directamente al presidente y, por extensión, a Brasil.

El País describió precisamente este escenario como una oportunidad política para Lula, que está intentando convertir los conflictos con Trump y Milei en instrumentos electorales de defensa nacional.

Ese factor puede resultar especialmente importante entre votantes moderados, nacionalistas o conservadores que no sean particularmente cercanos al PT pero tampoco acepten una intervención externa en la política brasileña.

Bolsonaro conserva el voto de derecha, pero todavía necesita al centro

Flávio Bolsonaro logró solucionar el primer gran problema que enfrentó después de que su padre quedara impedido de competir: convertirse en el heredero electoral indiscutido del bolsonarismo.

Los demás candidatos conservadores continúan muy lejos.

Ronaldo Caiado, Romeu Zema y Renan Santos se mueven en niveles de un dígito y ninguno consiguió hasta ahora amenazar seriamente el ingreso de Flávio al balotaje.

El desafío comienza después.

Si Lula llega a una segunda vuelta con alrededor de 44% o 46%, Bolsonaro necesita prácticamente todos los votos opositores y, además, una parte considerable del electorado que podría optar por blanco, nulo o abstención.

Eso obliga a moderar algunos aspectos de su campaña sin perder el apoyo más ideológico que heredó de su padre.

La elección de Alfredo Gaspar apunta justamente en esa dirección: seguridad, combate contra la corrupción y presencia en el nordeste, pero sin incorporar una figura con suficiente autonomía política como para desafiar el liderazgo de la familia Bolsonaro.

Lula conserva la gran fortaleza del nordeste

El mapa territorial sigue siendo una de las mayores ventajas del presidente.

Una encuesta de Quaest realizada en Bahia a finales de julio encontró a Lula con 52% en primera vuelta frente al 18% de Flávio Bolsonaro. En un eventual balotaje dentro de ese estado, la diferencia aumentaba hasta 56% contra 23%.

La izquierda brasileña necesita repetir un comportamiento parecido en Pernambuco, Ceará, Bahia y otros estados nordestinos para compensar la fortaleza bolsonarista en São Paulo, Paraná, Santa Catarina, Rio Grande do Sul, Goiás y parte del centro-oeste.

Flávio conoce ese problema. La incorporación de Gaspar, nacido políticamente en Alagoas, también intenta enviar una señal a un electorado nordestino que históricamente fue muy hostil a los Bolsonaro.

El equilibrio territorial puede terminar siendo tan importante como la evolución nacional de las encuestas.

El rechazo vuelve a ser determinante

Brasil enfrenta nuevamente una elección en la que una porción considerable de la población probablemente vote más contra un candidato que a favor del otro.

Lula mantiene rechazo elevado después de más de dos décadas ocupando el centro de la política brasileña. Bolsonaro carga con el apellido más polarizante del país y con el legado político y judicial de su padre.

Eso explica por qué ninguno consigue despegarse decisivamente.

El presidente posee una base más grande, pero enfrenta dificultades para crecer mucho más allá de ella. Flávio dispone de un piso opositor extraordinariamente alto, pero necesita reducir su rechazo entre mujeres, moderados y sectores de centroderecha que no comparten completamente la radicalización bolsonarista.

La elección puede terminar definida justamente por quienes no quieren a ninguno.

Cómo queda hoy la elección

La actualización del 10 de agosto permite sacar cinco conclusiones.

Lula continúa primero y sigue siendo el candidato con mayores probabilidades individuales de ganar la elección. Flávio Bolsonaro ya no disputa simplemente la representación de la derecha: se consolidó como su candidato principal. El resto de los postulantes aparece demasiado lejos como para romper la polarización.

Al mismo tiempo, la ventaja de Lula en primera vuelta no parece suficiente para evitar el balotaje y las simulaciones de segunda ronda muestran una carrera mucho más cerrada que hace algunos meses.

Nexus registra tres puntos de diferencia. Quaest encuentra cinco. Palver directamente registra un empate.

Y todavía faltan casi dos meses para el primer turno del 4 de octubre.

Por eso la conclusión de la nota original debe actualizarse. Una semana atrás podía afirmarse que Lula era favorito con una ventaja relativamente clara y que Flávio estaba recortando terreno. Hoy la definición es más exigente:

Lula sigue siendo favorito, pero Flávio Bolsonaro ya está en condiciones estadísticas de disputarle seriamente la Presidencia.

Brasil no se dirige simplemente hacia otra segunda vuelta entre izquierda y derecha. Se dirige hacia una elección en la que unos pocos puntos, la transferencia del voto de los candidatos menores, el rechazo de los moderados y hasta las crisis internacionales con Trump y Milei pueden terminar decidiendo quién gobierna el país más grande de América Latina a partir de 2027.

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