Milei festejó el 0,8% mayorista, pero la inflación que paga la gente volvió a subir: el dato positivo que no cuenta toda la historia

El Índice de Precios Internos al por Mayor aumentó 0,8% en julio y Javier Milei celebró en redes que el mes “empezó con cero”. El número representa una desaceleración y es una señal favorable, pero convertirlo en sinónimo de inflación general controlada resulta engañoso: el IPC que mide los precios que enfrentan los consumidores subió 2,1% en julio, aceleró frente a junio y acumula 33,8% interanual. Además, el índice mayorista quedó contenido por una caída de 9,2% en petróleo y gas, mientras electricidad, productos agropecuarios, químicos y vehículos aumentaron bastante más que el promedio.
Economía18 de agosto de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Javier Milei encontró este martes 18 de agosto un número perfecto para su narrativa económica: 0,8% de inflación mayorista en julio. El Presidente rápidamente llevó el dato a las redes sociales y escribió: “Y al final Julio empezó con 0”, en referencia a una de sus afirmaciones anteriores acerca de que la inflación comenzaría a mostrar variaciones mensuales por debajo del 1%. El resultado efectivamente constituye una buena noticia: los precios mayoristas desaceleraron respecto del 1,1% registrado en junio y marcaron su variación mensual más baja desde mayo de 2025.

El problema comienza cuando un indicador favorable se presenta como si describiera por sí solo toda la realidad inflacionaria argentina. La inflación mayorista no es la inflación que paga una familia en el supermercado, en el alquiler, en la prepaga, en el transporte, en los servicios o cuando sale a comer. El IPIM mide fundamentalmente la evolución de los precios a los que productores e importadores venden bienes dentro del mercado interno. No incorpora buena parte de los servicios que forman una proporción cada vez mayor del presupuesto de los hogares.

Y cuando se observa precisamente el indicador diseñado para medir el costo de vida de los consumidores, la fotografía de julio fue muy diferente. El IPC aumentó 2,1%, después del 1,9% de junio. Es decir, no solamente estuvo bastante por encima del 0,8% mayorista sino que la inflación minorista volvió a acelerarse después de haber descendido durante los meses anteriores. En los primeros siete meses de 2026 acumuló 19,3% y la variación interanual se ubicó en 33,8%.

El 0,8% es una buena noticia, pero no significa inflación cero

Conviene evitar también una confusión elemental que la comunicación política muchas veces favorece: 0,8% no es inflación cero. Significa que los precios mayoristas volvieron a aumentar, aunque lo hicieron a una velocidad considerablemente menor. Para una economía que pasó años conviviendo con variaciones mensuales extraordinariamente elevadas, conseguir un registro inferior al 1% representa un avance importante. Pero una cosa es reconocer esa mejora y otra convertir el primer número decimal de un indicador específico en una demostración de que el problema inflacionario está resuelto.

El IPIM acumula 16,6% durante los primeros siete meses de 2026 y 31,1% respecto de julio del año pasado. Por lo tanto, incluso en el indicador que Milei eligió celebrar, el nivel general de precios mayoristas continúa más de 30% por encima del registrado doce meses atrás. El Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor, que elimina el efecto impositivo, aumentó también 0,8% mensual y 30,2% interanual, mientras el Índice de Precios Básicos del Productor avanzó 0,9% durante julio.

La desaceleración merece ser destacada porque los precios mayoristas pueden anticipar parte de las presiones que posteriormente llegan al consumidor. Si una fábrica, un importador o un productor consigue estabilizar sus costos y precios de venta, existen menos razones para que los comercios deban remarcar aceleradamente en los meses siguientes. Pero la transmisión nunca es automática: entre el precio mayorista y el precio final aparecen salarios, alquileres, tarifas, impuestos, logística, financiamiento y márgenes comerciales.

Por eso puede ocurrir exactamente lo que está ocurriendo ahora: bienes que muestran una desinflación importante mientras los servicios siguen moviéndose considerablemente por encima. El informe de inflación minorista de julio mostró que los bienes subieron 1,6%, pero los servicios aumentaron 3,1%, casi cuatro veces el registro mayorista que el Presidente decidió destacar. En términos interanuales, los servicios todavía acumulan una suba de 42,5%.

El dato mayorista estuvo ayudado por una caída de 9,2% en petróleo y gas

Existe además otro punto que obliga a analizar con cuidado el 0,8%: la baja del índice no fue homogénea. Determinados componentes tuvieron aumentos considerablemente superiores y el nivel general terminó contenido fundamentalmente por el derrumbe de otro rubro.

La energía eléctrica mayorista aumentó 5,8% en julio, los productos agropecuarios avanzaron 3,6%, los vehículos automotores y repuestos 2,7% y las sustancias y productos químicos 2%. Son variaciones mensuales que difícilmente podrían describirse como estabilidad de precios. El contrapeso principal llegó desde petróleo crudo y gas, cuyo precio cayó 9,2% y redujo sustancialmente el promedio general.

Esto no invalida el índice: así funcionan todos los indicadores agregados. Algunos componentes suben, otros bajan y el promedio representa el movimiento del conjunto. Pero sí obliga a moderar la interpretación política. Si una caída extraordinaria del petróleo ayuda a llevar el nivel general al 0,8%, no puede concluirse automáticamente que toda la cadena productiva argentina esté funcionando con aumentos inferiores al 1%.

Más todavía cuando algunos de los rubros que subieron por encima del promedio poseen capacidad de traslado. Los productos agropecuarios participan en la formación del precio de numerosos alimentos; los químicos son insumos de distintas industrias; los vehículos y repuestos afectan costos de transporte y logística; y la electricidad forma parte de los gastos operativos de prácticamente toda actividad económica.

Mientras Milei festejaba el “cero”, el IPC había vuelto al 2,1%

La diferencia entre el relato y el bolsillo se vuelve todavía más evidente cuando se compara el dato conocido este martes con el IPC difundido por el INDEC cinco días antes. La inflación de los consumidores pasó de 1,9% en junio a 2,1% en julio, quebrando al menos momentáneamente la secuencia descendente que el Gobierno venía mostrando como evidencia de que el proceso de desinflación continuaba sin interrupciones.

Dentro del IPC, Recreación y cultura aumentó 5%, Restaurantes y hoteles 2,8%, Salud 2,5%, Comunicación 2,4%, Vivienda y servicios 2,2% y Alimentos y bebidas no alcohólicas 2%. Los precios estacionales avanzaron 4,5%, los regulados 2,1% y la inflación núcleo —probablemente la medición más útil para observar la tendencia subyacente— fue de 1,8%.

Es cierto que un IPC de 2,1% sigue representando una Argentina completamente diferente de aquella que llegó a registrar inflación mensual de dos dígitos. Negar esa transformación sería igualmente engañoso. El programa de estabilización consiguió reducir violentamente la velocidad a la que aumentaban los precios y ése continúa siendo uno de los principales activos económicos y políticos del Gobierno.

Pero la comparación relevante empieza a cambiar. Después de casi tres años de administración libertaria, el Gobierno ya no puede evaluar todos sus resultados exclusivamente contra la crisis recibida en diciembre de 2023. El propio oficialismo elevó la expectativa: habló de inflación desapareciendo, de índices mensuales comenzando con cero y de una normalización cada vez más próxima. Cuanto más ambiciosa es esa promesa, mayor precisión exige la evaluación de los datos.

La interanual incluso volvió a subir en el IPC

Existe otro detalle que complica la idea de una victoria definitiva. La inflación minorista interanual había sido 33,5% en junio y pasó a 33,8% en julio. El aumento es pequeño y responde también a cuestiones estadísticas relacionadas con las bases de comparación, pero sirve para recordar que el proceso no avanza necesariamente de manera lineal.

La secuencia mensual del IPC de 2026 también permite dimensionarlo: enero 2,9%, febrero 2,9%, marzo 3,4%, abril 2,6%, mayo 2,1%, junio 1,9% y julio 2,1%. Existe una reducción muy importante respecto de marzo, pero julio no confirmó una nueva baja: produjo una leve aceleración.

Algo parecido ocurrió anteriormente con los mayoristas. El IPIM había llegado a 5,2% en abril, descendió a 2,5% en mayo, cayó a 1,1% en junio y finalmente llegó ahora al 0,8%. La tendencia reciente es claramente favorable, pero justamente la volatilidad de los meses anteriores demuestra por qué resulta prudente esperar una secuencia más prolongada antes de declarar terminado el problema.

Una economía no alcanza estabilidad porque un índice marque menos de 1% durante un mes. La alcanza cuando esa dinámica puede mantenerse durante el tiempo sin depender de recesión, atraso relativo de precios, saltos cambiarios posteriores o movimientos excepcionales de determinados commodities.

Milei tiene derecho a celebrar el dato; lo discutible es convertirlo en otra cosa

El Gobierno tiene motivos legítimos para destacar el resultado. Un aumento mayorista de 0,8% es mejor que 1,1%, muchísimo mejor que 2,5% y radicalmente diferente del 5,2% registrado apenas tres meses antes. Si el proceso continúa y termina trasladándose a precios minoristas, significaría que Argentina puede acercarse finalmente a niveles mensuales compatibles con una economía mucho más normal.

La crítica no debe consistir entonces en negar el número.

Debe consistir en ponerlo en su verdadera dimensión.

Milei eligió un dato verdadero y favorable, pero el modo de comunicarlo corre el riesgo de generar una conclusión que los propios números oficiales todavía no permiten. Julio “empezó con cero” solamente para uno de los índices de precios y exclusivamente porque se utiliza una expresión coloquial para describir un aumento de 0,8%. Para los consumidores, julio comenzó con 2: 2,1% de inflación.

Y esa diferencia no es semántica. Es la diferencia entre lo que ocurre en la primera etapa de formación de precios y aquello que finalmente pagan millones de familias.

Hay incluso una señal favorable dentro del IPC que el Gobierno podría utilizar sin exageraciones: la inflación núcleo fue 1,8%, los bienes aumentaron 1,6% y el mayorista registró 0,8%. Es posible que esas cifras anticipen una nueva desaceleración futura. Pero todavía es una posibilidad que deberá comprobarse en agosto y los meses siguientes, no un resultado consumado.

El verdadero éxito será cuando el “cero” llegue al bolsillo

Después de años de inflación altísima, la Argentina necesita que el proceso de desinflación continúe. Que los precios mayoristas hayan aumentado solamente 0,8% es, en ese camino, una señal positiva que sería absurdo despreciar. Pero también sería un error confundir una buena señal con la llegada a la meta.

La inflación interanual continúa alrededor del 30% tanto en mayoristas como en consumidores. El IPC acumuló 19,3% solamente durante los primeros siete meses del año. Los servicios aumentan más rápido que los bienes y algunos gastos esenciales siguen mostrando subas superiores al promedio.

Por eso la discusión no debería ser si Milei puede festejar el 0,8%. Claro que puede. El problema es utilizar ese número para sugerir que ya ocurrió algo que todavía no ocurrió.

La inflación argentina será realmente una historia distinta cuando el 0 aparezca de manera sostenida no solamente en un indicador mayorista favorecido durante un mes por una fuerte caída del petróleo, sino también en el IPC, en los alimentos, en los servicios y en los gastos que enfrentan todos los días los hogares.

Hasta entonces, el 0,8% es una buena noticia.

Pero sigue siendo 0,8% de aumento de precios, no inflación cero.

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