
La inflación de julio fue del 1,9%: cifras oficiales, reacciones e impacto social
Alejandro Cabrera
Con un 1,9% mensual, la inflación de julio marcó un nuevo mínimo en el ciclo económico actual, lo que permitió al Gobierno celebrar un aparente control de precios tras más de un año de ajustes drásticos. Sin embargo, el dato también reavivó el debate sobre la sostenibilidad de esta baja, sus causas reales y el verdadero impacto que tiene sobre los bolsillos, el empleo y el tejido social argentino.
Inflación, consumo y precios: los frentes abiertos
El relevamiento del INDEC confirmó que la suba general de precios se moderó por sexto mes consecutivo, apoyada en una fuerte caída del consumo masivo, congelamientos puntuales y menor emisión monetaria. El Gobierno lo presentó como un éxito de su política de "licuación ordenada", mientras que desde sectores opositores se señala que la baja inflación es resultado de una parálisis económica, no de una reactivación o estabilización genuina.
Las góndolas dan testimonio de ese contraste: si bien los aumentos se desaceleran, muchas marcas dejaron de estar disponibles o se redujeron los tamaños. Además, persiste la inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, aún en niveles superiores al 2,5%. A eso se suma el arrastre estadístico y la expectativa de nuevos aumentos en tarifas, combustibles y servicios para el último trimestre del año.
Salario real y poder adquisitivo
La caída del salario real sigue siendo uno de los ejes más relevantes del modelo económico actual. Aunque la inflación se desacelera, los ingresos aún no recuperan terreno respecto al poder adquisitivo perdido durante los primeros meses del año. Según el INDEC, en junio los salarios crecieron por debajo de la inflación acumulada del semestre, lo que implica una merma del consumo, sobre todo en sectores de bajos ingresos.
Las paritarias, por su parte, vienen pactándose con cláusulas de revisión pero con aumentos por tramos muy por debajo de las expectativas inflacionarias anuales que aún rondan el 140% interanual. Los gremios más grandes (como comercio, docentes o estatales) firmaron acuerdos de entre 15 y 18% por trimestre, lo que apenas emparda el nivel de precios si se mantiene esta tendencia.
Pobreza, indigencia y regiones
El impacto regional también se hace sentir: provincias del norte y noreste argentino, donde el gasto público tiene mayor peso, muestran niveles de pobreza estructural muy por encima de la media nacional. Según los últimos datos disponibles, el 55% de los menores de 14 años vive en hogares pobres. Aunque el ritmo inflacionario bajó, los precios de alimentos siguen liderando los aumentos, afectando de forma directa a los sectores más vulnerables.
La indigencia, medida por la canasta básica alimentaria, no experimentó el mismo descenso que la inflación general. Esto se debe a que productos como leche, pan, frutas y verduras continúan teniendo alta volatilidad, muchas veces manipulados por cuotificaciones o importaciones restringidas. En paralelo, los programas sociales mantienen sus montos congelados o con actualizaciones marginales.
Panorama hacia lo que resta del 2025
El Gobierno apuesta a mantener la inflación bajo control con el plan financiero que incluye la acumulación de reservas, una política monetaria contractiva y el llamado "orden fiscal absoluto". En ese marco, los analistas anticipan un repunte inflacionario hacia fin de año si se reactivan tarifas, dólar oficial y ajustes pendientes.
Por otro lado, la licitación de bonos que el Tesoro realizó recientemente fue interpretada como un termómetro de confianza: la absorción fue exitosa en términos nominales, pero aún no disipa la incertidumbre sobre la deuda en pesos. La política de desindexación gradual sigue en curso, pero enfrenta resistencias técnicas y políticas.
A nivel social, se prevé un escenario complejo: el freno a la obra pública, la retracción del gasto y la inercia de precios podrían empujar nuevos conflictos gremiales y reclamos por recomposición salarial. La recesión también se hace sentir con fuerza en PYMES, servicios y comercios.
La inflación de julio, por lo tanto, puede ser leída como un alivio momentáneo, pero también como un síntoma de enfriamiento generalizado. El interrogante que se abre de cara al segundo semestre es si el Gobierno logrará consolidar esta baja sin resignar capacidad de consumo, empleo y equilibrio social.


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