
El Gobierno se abraza al campo tras la quita de retenciones: apuesta y riesgos de una alianza estratégica
Alejandra Larrea
La decisión del Gobierno de suspender las retenciones a las exportaciones de granos, carnes avícolas y bovinas hasta el 31 de octubre marca un giro en la relación con el campo. “Tomamos al campo como sector prioritario, lo vemos como aliado”, dijeron funcionarios en el Seminario ACSOJA en Rosario, donde se presentó la medida. El Ejecutivo confía en que esta señal impulse ventas al exterior por hasta 7.000 millones de dólares, fortaleciendo las reservas del Banco Central en un contexto de alta fragilidad.
Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción, afirmó que “hay que sacarles el pie de encima” a los productores, en contraste con la política de controles de la gestión anterior. Juan Pazo, titular de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, adelantó además que el Gobierno proyecta una reforma laboral y tributaria “para dar más libertad” y simplificar las exportaciones desde planta, con menos trámites y menor costo.
La apuesta es clara: el oficialismo necesita dólares frescos para sostener la calma cambiaria tras semanas de presión, y encontró en el agro el socio inmediato. La eliminación de retenciones es vista como un estímulo temporal que, de concretarse en liquidaciones rápidas, puede oxigenar reservas y moderar expectativas devaluatorias.
Sin embargo, la estrategia trae consigo riesgos. El esquema tiene un tope de 7.000 millones de dólares en declaraciones juradas de venta, lo que implica que, una vez alcanzado ese límite o vencido el plazo, las retenciones volverían a aplicarse. Analistas advierten que esta dinámica puede incentivar una liquidación concentrada en pocas semanas, pero no garantiza un flujo sostenido hacia fin de año.
En el plano político, la medida refuerza el vínculo del Gobierno con un sector históricamente crítico de las administraciones anteriores. La narrativa libertaria busca consolidar al campo como emblema de libertad económica y productividad, en contraposición al relato de “enemigo” que circuló en gestiones pasadas. Sin embargo, este alineamiento puede tensar las cuentas públicas: la quita implica renunciar a recursos fiscales en un momento donde el equilibrio presupuestario es bandera central del programa económico.
De cara al futuro, el oficialismo proyecta esta alianza como base de su programa de gobierno. El agro, motor de divisas, se convierte en pilar de la narrativa de crecimiento. El pronóstico inmediato es de mayor ingreso de dólares y alivio cambiario, pero la incógnita será si el beneficio transitorio se transforma en política de largo plazo o si, por el contrario, queda como un gesto coyuntural.
En definitiva, la quita de retenciones no es solo una medida económica: es un movimiento político que redefine la relación del Gobierno con uno de los sectores más poderosos de la Argentina. Si logra traducirse en estabilidad y confianza, puede convertirse en un hito de gestión; si fracasa, será recordada como una apuesta riesgosa que dejó más dudas que certezas.


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