Traición familiar y estafas millonarias: cuando tu hija roba tu identidad para endeudarte

En San Justo, una mujer llamada Rosa descubrió que su propia hija le robó el DNI, abrió una cuenta bancaria a su nombre y solicitó 19 préstamos personales por un total de nueve millones de pesos. Recién se enteró del fraude en marzo de 2025, y logró frenar el cobro apenas semanas después.

Policiales29 de agosto de 2025Alejandra LarreaAlejandra Larrea
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Estafa familiar.

No hay mayor herida que una traición desde lo más íntimo. Rosa vivió esa experiencia: su hija usó su identidad para algo que nunca imaginó: abrir cuentas, pedir préstamos e hipotecar su vida con créditos millonarios. Cuando lo supo, el volante ya había sido girado.

Hoy, con un freno judicial a los cobros y un reclamo civil contra el banco, esta mujer encara una lucha cotidiana para reconstruir su historia y su crédito.

La estafa se descubrió el 28 de marzo de 2025, cuando Rosa recibió una notificación sobre deudas que jamás había autorizado. La maniobra había sido ejecutada meses antes: entre octubre y diciembre de 2024, su hija utilizó su DNI para abrir una cuenta bancaria, solicitar y obtener 19 préstamos personales, por un monto que alcanzó los nueve millones de pesos. Usó el sistema online del banco y logró eludir controles que deberían haber frenado la operación. 

El fraude se basó en la suplantación de identidad: el banco autorizaba los créditos en "un click" sin respetar los protocolos del BCRA ni las normativas de defensa del consumidor. La joven incluso refinanció una deuda presentándose como su madre, utilizando claves y contraseñas que Rosa había dejado guardadas. 

La situación estalló en marzo, cuando Rosa presentó una denuncia penal por suplantación y fraude ante la Fiscalía de Lomas de Zamora, y un reclamo ante la Defensa del Consumidor local. En una de las audiencias, pidió escuchar el audio de la refinanciación; el banco rechazó reproducirlo por “cuestiones técnicas”, apuntando falsamente a responsabilizar a Rosa. 

La confesión de la hija reveló un motivo devastador: deudas de juego y un patrón anterior de comportamiento similar. Rosa quedó “quebrada” y tuvo que endeudarse aún más para sostener cuotas ajenas. Pierde no solo el dinero, sino también la confianza. 

El Juzgado Comercial N° 14 dictó una medida cautelar: mientras avanza la causa, el banco no puede cobrar, sumar intereses, cerrar la cuenta ni informar negativamente del hecho. Además, se inició una demanda civil por daños y perjuicios —calculando un monto potencial de 4,5 millones de pesos más intereses por daño moral—.

Este caso trasciende lo inesperado: es un llamado a la urgencia de mejorar la seguridad bancaria, proteger la identidad y reforzar los derechos de las víctimas de fraude. Rosa no solo enfrenta una deuda que no le pertenece, sino también el peso emocional de ser víctima de una traición familiar. Su lucha, judicial y emocional, representa mucho más: es la batalla de quienes buscan justicia cuando las instituciones fallaron y la confianza fue quebrada desde adentro.



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