
Inflación: 3,4% en marzo y el alivio sigue siendo lento
Alejandra LarreaLa inflación de marzo fue del 3,4%, según informó el INDEC, en un dato que consolida la tendencia de desaceleración que viene mostrando la economía en los últimos meses, aunque todavía se mantiene en niveles que siguen siendo altos para el funcionamiento cotidiano.
El número aparece en un contexto donde el gobierno de Javier Milei busca consolidar la baja inflacionaria como uno de sus principales activos de gestión, apoyado en el ajuste fiscal y la política monetaria restrictiva, pero al mismo tiempo refleja que el proceso no es lineal y que persisten presiones en distintos sectores que impactan directamente en el costo de vida.
Una desaceleración que no alcanza
El 3,4% mensual representa una continuidad en la baja respecto de los picos que llegaron a superar el 20% hacia fines de 2023, lo que desde el Gobierno se interpreta como una señal de que el programa económico empieza a ordenar variables clave y a estabilizar expectativas.
Sin embargo, ese mismo dato convive con una realidad más exigente en la economía real, donde la desaceleración no implica una caída de precios sino simplemente una suba a menor velocidad, lo que mantiene la presión sobre los ingresos y el consumo.
Los rubros que siguen presionando
El índice volvió a mostrar aumentos en áreas sensibles que tienen impacto directo en el día a día. Alimentos y bebidas continúan siendo uno de los principales focos de presión, con subas que afectan de manera inmediata el presupuesto de los hogares.
A eso se suman incrementos en transporte y servicios, en un contexto donde la actualización de precios regulados empieza a tener mayor peso dentro del índice general, generando un efecto que se siente especialmente en los gastos fijos.
El efecto de las tarifas
La recomposición de precios regulados sigue siendo uno de los factores más relevantes detrás de la dinámica inflacionaria. Los aumentos en energía, transporte y otros servicios forman parte del proceso de corrección de subsidios y de ordenamiento fiscal.
Ese proceso introduce una tensión estructural, porque mientras busca corregir distorsiones macroeconómicas, en el corto plazo agrega presión sobre los precios y sobre el presupuesto de los hogares, en un contexto donde los ingresos todavía no logran acompañar ese ritmo.
Una economía en transición
La desaceleración de la inflación se da en paralelo a un escenario donde el poder adquisitivo sigue resentido. El ajuste económico empieza a mostrar resultados en términos de estabilidad, pero todavía no se traduce en una mejora clara en la capacidad de compra.
Ese desfasaje define el momento actual, donde conviven señales de orden macroeconómico con una percepción social que sigue marcada por la dificultad para sostener el nivel de consumo.
Lo que viene
El desafío hacia adelante será sostener esta tendencia sin que nuevos factores vuelvan a presionar sobre los precios, en un escenario donde el comportamiento de las tarifas, el tipo de cambio y el contexto internacional van a ser variables determinantes para la continuidad del proceso, dentro de una economía que sigue atravesando una etapa de transición en la que la baja de la inflación comienza a consolidarse en los números pero todavía no logra traducirse con la misma velocidad en una mejora concreta del ingreso real.


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