
Trump abrió una megacuota de carne por 300.000 toneladas y dejó afuera a la Argentina: Brasil aparece como el gran ganador
Alejandro CabreraLa Argentina quedó afuera de la nueva ampliación extraordinaria que Donald Trump dispuso para aumentar las importaciones de carne vacuna en Estados Unidos. La Casa Blanca habilitó otras 300.000 toneladas de recortes vacunos magros que podrán ingresar bajo el régimen arancelario preferencial entre septiembre y noviembre, pero decidió reservar íntegramente ese volumen para el contingente denominado “otros países o áreas”.
Eso significa que Argentina no podrá participar.
La explicación, sin embargo, requiere bastante más contexto que la simple idea de que Washington decidió excluir al país. Argentina tiene desde comienzos de este año una cuota específica propia de hasta 100.000 toneladas, mientras que el nuevo contingente fue creado expresamente para países que no cuentan con una asignación individual. La proclamación presidencial incluso aclara que la medida no modifica ni elimina el cupo argentino concedido anteriormente.
El mayor beneficiado aparece, en principio, del otro lado de la frontera argentina: Brasil.
Hasta ahora, Brasil compartía con Paraguay, Japón, Irlanda y otros proveedores el cupo general de “otros países o áreas”, que para 2026 tenía apenas 52.005 toneladas y se agotó prácticamente apenas comenzó el año. Con la nueva decisión de Trump, ese universo recibirá 300.000 toneladas adicionales, casi seis veces el volumen ordinario disponible para todos esos países juntos.
La medida se implementará en tres tramos de 100.000 toneladas cada uno y funcionará bajo el criterio de “primero llegado, primero servido”. El primero comenzará el 1° de septiembre y terminará el 30; el segundo irá desde el 1° hasta el 30 de octubre; y el tercero se abrirá el 31 de octubre y podrá utilizarse hasta el 30 de noviembre o hasta que se agote el volumen disponible.
El objetivo explícito de Trump es aumentar rápidamente la oferta de carne para reducir el precio de la carne picada estadounidense.
Estados Unidos enfrenta una situación particularmente complicada en su sector ganadero. La Casa Blanca señaló que el rodeo bovino se encuentra en el nivel más bajo de los últimos 75 años y que la producción de carne caerá alrededor de 4% en 2026. A eso se sumaron sequías, incendios y las restricciones temporales al ingreso de ganado mexicano por el avance del gusano barrenador, factores que terminaron reduciendo la disponibilidad interna justo cuando el consumo continúa elevado.
La respuesta de Trump fue abrir más las importaciones.
Y ahí aparece una paradoja para Argentina: apenas seis meses atrás había sido precisamente el país elegido para cumplir esa función.
Argentina ya había sido la gran favorecida de Trump
En febrero, Estados Unidos tomó una medida excepcional específicamente destinada a la carne argentina.
Hasta entonces, Argentina disponía de una cuota tradicional de 20.000 toneladas anuales que podían ingresar al mercado estadounidense con un arancel muy reducido. Trump decidió agregar otras 80.000 toneladas exclusivamente para 2026, elevando temporalmente el acceso argentino hasta las 100.000 toneladas.
Las 80.000 toneladas adicionales corresponden específicamente a recortes vacunos magros destinados fundamentalmente a mezclarse con carne estadounidense de mayor contenido graso para producir hamburguesas y carne picada.
El beneficio fue enorme.
Durante el primer semestre de 2026, Argentina exportó a Estados Unidos 55.506 toneladas de carne vacuna por US$448 millones. Frente al mismo período de 2025, el volumen aumentó 185% y la facturación se disparó 243%. Estados Unidos pasó a convertirse en el segundo mercado más importante para la carne argentina detrás de China.
La comparación entre destinos también ayuda a comprender por qué ese mercado resulta tan atractivo.
China continúa comprando mucho más volumen, pero fundamentalmente cortes congelados de menor valor. Estados Unidos demanda determinados productos a precios significativamente superiores y permite diversificar una estructura exportadora que durante años dependió excesivamente del mercado chino.
Solamente entre enero y julio, los embarques argentinos hacia Estados Unidos alcanzaron 67.118 toneladas, 202,6% más que un año atrás. Al 3 de agosto, Argentina había utilizado 72,5% de su cuota tradicional, el mayor porcentaje de ejecución entre los países que cuentan con contingentes individuales.
La cuota adicional también se utilizó a una velocidad extraordinaria. El tramo correspondiente al segundo trimestre se completó totalmente y el cupo del tercero se encontraba prácticamente agotado antes de terminar agosto. Datos publicados el 25 de agosto indicaban que ya estaba utilizado 98% del contingente de 20.000 toneladas correspondiente al tercer trimestre.
Por eso la exclusión de las nuevas 300.000 toneladas no significa que Argentina haya perdido el acceso conquistado.
La propia proclamación firmada por Trump incluye una cláusula explícita: “Nada en esta proclamación afectará el aumento de la cantidad dentro de cuota establecida en la Proclamación 11010 y asignada a Argentina”.
En otras palabras, Argentina conserva intactas sus 100.000 toneladas de 2026.
La discusión es qué ocurre alrededor.
Por qué quedar afuera igual puede ser una mala noticia
La primera reacción puede ser considerar que la medida prácticamente no afecta a Argentina porque conserva su propio contingente. Esa es también la interpretación de parte del mercado ganadero local.
El consultor Víctor Tonelli señaló que la decisión no debería representar un perjuicio directo porque el país todavía dispone de cuota propia para exportar. “A Brasil le sirve, a Paraguay le sirve, a nosotros no estar no nos va a afectar en nada. Tenemos cuota todavía”, explicó.
Desde un punto de vista estrictamente inmediato, el argumento es correcto.
Argentina no pierde una sola tonelada de las 100.000 ya habilitadas. Tampoco se incrementa su arancel ni se cierra el mercado estadounidense.
Sin embargo, la medida sí modifica sustancialmente el contexto competitivo.
Antes de la decisión de febrero, Argentina tenía una cuota de 20.000 toneladas. Después obtuvo otras 80.000 y pasó a disponer de una ventaja extraordinaria frente a competidores sudamericanos como Brasil y Paraguay, que tenían que disputar entre ellos un contingente reducido que además se agotaba rápidamente.
Ahora Estados Unidos les abre una ventana de 300.000 toneladas adicionales.
Sólo ese nuevo cupo equivale a tres veces todo el acceso preferencial argentino disponible para 2026.
Y Brasil tiene capacidad productiva suficiente para convertirse en uno de sus principales usuarios.
El país vecino es el mayor exportador mundial de carne vacuna y ya tenía una presencia importante en Estados Unidos. En 2025, el mercado estadounidense fue su segundo principal destino y absorbió aproximadamente 8,8% de sus exportaciones. El gran obstáculo era precisamente el contingente arancelario: al no tener una cuota nacional propia, Brasil dependía del pequeño cupo de “otros países”, que se había llenado completamente en enero.
Durante los próximos tres meses ese cuello de botella prácticamente desaparecerá.
Eso puede aumentar considerablemente la competencia por los compradores estadounidenses y reducir la escasez que ayudó a sostener los elevados precios recibidos durante los últimos meses.
No necesariamente significa que el precio de la carne argentina vaya a caer. La calidad, los contratos comerciales, las características del producto y los costos logísticos también inciden. Pero cuando un mercado introduce 300.000 toneladas adicionales de oferta, el escenario comercial cambia.
La medida incluso genera una situación curiosa dentro del propio Mercosur.
En febrero, Argentina recibió individualmente 80.000 toneladas adicionales a través de un acuerdo bilateral con Estados Unidos. El USDA señaló posteriormente que Brasil analizaba si ese entendimiento podía entrar en tensión con la Decisión 32/00 del Mercosur, que establece la negociación conjunta de acuerdos comerciales con terceros países.
Seis meses después, Brasil puede terminar siendo el gran beneficiado de una ampliación todavía mayor otorgada por la misma administración estadounidense.
Estados Unidos necesita carne y Trump prioriza el precio interno
La secuencia también permite entender los límites de la relación política entre Javier Milei y Donald Trump.
La ampliación argentina de febrero fue presentada por el Gobierno como una demostración de la relación privilegiada entre ambos presidentes. Y efectivamente constituyó una concesión comercial muy significativa.
Pero la decisión de agosto muestra algo bastante más tradicional en política comercial: cuando los intereses internos estadounidenses cambian, Washington toma decisiones en función de sus propios consumidores y productores.
Trump necesita bajar el precio de la carne.
La Casa Blanca reconoció que la ampliación concedida a Argentina aumentó las importaciones, pero sostuvo que no fue suficiente para compensar la caída de la producción estadounidense y contener los precios. Por eso decidió incorporar otros proveedores.
La decisión tampoco fue celebrada por todos dentro de Estados Unidos.
Organizaciones de productores ganaderos norteamericanos vienen cuestionando las sucesivas aperturas de importaciones porque consideran que pueden perjudicar al productor local justo cuando el sector intenta recomponer el rodeo bovino. La U.S. Cattlemen's Association ya había manifestado reservas frente al acuerdo de febrero con Argentina y otros grupos reaccionaron ahora contra la nueva apertura de 300.000 toneladas.
Trump enfrenta así dos intereses enfrentados.
Por un lado, los ganaderos estadounidenses quieren precios altos para recuperar rentabilidad y reconstruir el stock bovino. Por el otro, los consumidores enfrentan una carne cada vez más cara y la Casa Blanca quiere evitar que ese aumento continúe impactando sobre el costo de vida.
Por ahora, eligió privilegiar a los consumidores.
La Argentina queda en una posición particular dentro de ese nuevo escenario.
Mantiene una ventaja importante: 100.000 toneladas propias, un mercado que paga buenos precios y una demanda que demostró absorber prácticamente todo el producto que los frigoríficos argentinos pudieron colocar.
Pero deja de ser el beneficiario exclusivo de la estrategia estadounidense para abaratar la carne.
Brasil, Paraguay y otros proveedores podrán aprovechar desde septiembre una ventana comercial extraordinaria que hasta ahora no tenían.
Por eso decir simplemente que “Trump dejó afuera a la Argentina” puede llevar a una interpretación equivocada: no hubo sanción, castigo ni eliminación de la cuota argentina.
Pero afirmar que la decisión es completamente neutra también sería incompleto.
La Argentina conserva el beneficio que obtuvo en febrero, mientras sus competidores acaban de recibir una oportunidad mucho mayor.
Y en comercio exterior, una ventaja no solamente depende de cuánto acceso tiene un país.
También depende de cuánto acceso tienen los demás.


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