
Choque diplomático entre Malí y Argelia enciende una nueva crisis en el Sahel
Alejandro Cabrera
El Sahel vuelve a ser epicentro de inestabilidad tras el reciente conflicto diplomático entre Malí y Argelia. El 31 de marzo, el ejército argelino derribó un dron maliense en una zona fronteriza, hecho que desató una reacción en cadena con consecuencias políticas y militares para la región.
Escalada diplomática y cierre de fronteras
Argelia justificó la acción al afirmar que el dron violó su espacio aéreo, mientras que Malí negó rotundamente dicha incursión. La reacción no se hizo esperar: Bamako retiró a su embajador en Argel y cerró su espacio aéreo a los vuelos procedentes de Argelia. Argel respondió con medidas similares, profundizando la crisis.
La tensión entre ambos países arrastra a otros actores regionales. Burkina Faso y Níger, aliados de Malí en la Alianza de Estados del Sahel (AES), también retiraron a sus embajadores, alineándose con Bamako en la disputa. El conflicto ya no es bilateral, sino un reflejo de un nuevo eje de poder en la región.
La desconfianza entre Malí y Argelia no es nueva, pero ha escalado significativamente desde la ruptura del Acuerdo de Paz de Argel firmado en 2015. Ese pacto, que buscaba estabilizar el norte maliense con mediación argelina, quedó herido de muerte tras el acercamiento de Malí a Rusia y la presencia de mercenarios del grupo Wagner.
Acusaciones cruzadas y peligro de aislamiento
Malí acusa a Argelia de albergar a yihadistas y separatistas tuareg que operan en su territorio. Por su parte, Argelia observa con recelo las operaciones militares malienses cerca de su frontera, temiendo una expansión del conflicto o una infiltración de actores no estatales.
El cierre de los canales diplomáticos genera preocupación internacional. Aunque es poco probable una confrontación militar directa entre ambos países, la ausencia de diálogo y los movimientos defensivos mutuos elevan el riesgo de incidentes mayores o una parálisis regional en la lucha contra el terrorismo.
La región del Sahel, ya golpeada por grupos armados, pobreza estructural y desplazamientos masivos, se enfrenta ahora a un nuevo foco de incertidumbre. La fractura entre Malí y Argelia compromete los esfuerzos conjuntos para garantizar la seguridad y debilita aún más los frágiles equilibrios en la zona.
Este conflicto se suma al creciente aislamiento de Malí en la escena internacional. Desde su alejamiento de socios tradicionales y su retiro de organismos regionales, el país ha apostado por una vía de confrontación que puede acarrear consecuencias impredecibles.
En un contexto donde las alianzas se redefinen y los bloques emergentes intentan consolidar poder, el choque con Argelia podría marcar un antes y un después en la geopolítica del Sahel.


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