
Jueves Santo: reflexión, tradición y el comienzo del Triduo Pascual
Alejandro Cabrera
El Jueves Santo es una jornada de profundo significado espiritual para la comunidad cristiana. En ella se recuerda la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, momento en el cual instituyó la Eucaristía y el sacerdocio. También se conmemora el gesto del lavatorio de los pies, donde Cristo se arrodilla ante sus discípulos para mostrar el camino del servicio y la humildad.
Es el día en que los fieles se congregan en las iglesias para celebrar la Misa Crismal por la mañana –donde los obispos bendicen los óleos sagrados– y por la tarde la Misa de la Cena del Señor, que da inicio al Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico.
Durante la liturgia vespertina, se repite el gesto del lavatorio de los pies, una tradición que recuerda que la verdadera autoridad nace del servicio. Al finalizar la misa, se traslada solemnemente el Santísimo Sacramento al lugar de la reserva, y se invita a la adoración en silencio.
En este contexto, el Jueves Santo invita a reflexionar sobre el sacrificio, la entrega por el prójimo y la comunión espiritual con Dios y la comunidad. También es costumbre realizar visitas a siete iglesias, una devoción que rememora el recorrido de Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta el Calvario.
Las calles de muchos pueblos y ciudades se tiñen de procesiones y silencios cargados de simbolismo, donde la fe se expresa en cada paso. La Semana Santa, en especial desde este día, es vivida con intensidad y recogimiento por miles de personas.
Además, el Jueves Santo recuerda que no hay cristianismo sin comunidad, sin compartir el pan y la palabra, sin reconciliación. Por eso, también es un día propicio para el sacramento de la confesión y para el reencuentro interior.
En muchas regiones de España y América Latina, se mantienen tradiciones culturales y gastronómicas asociadas al Jueves Santo: desde platos típicos sin carne hasta ritos populares que combinan lo religioso con lo ancestral.
Esta jornada es, sobre todo, una oportunidad para detenerse, escuchar y renovar el compromiso cristiano con el amor, la solidaridad y el servicio.
El Jueves Santo también nos enfrenta a la traición: la figura de Judas Iscariote, que abandona la mesa para entregar a Jesús, sirve de espejo para mirar nuestras propias debilidades y errores.
En medio de un mundo acelerado y fragmentado, este día propone silencio, contemplación y el reencuentro con lo esencial. En la Última Cena, Jesús se entrega antes de su entrega final, anticipando el misterio pascual.
Es también un recordatorio de que la fe se vive en actos concretos, en el compartir cotidiano, en los gestos de perdón, en la mesa tendida para todos.
El Jueves Santo es, en definitiva, un llamado a volver a las raíces del cristianismo: la entrega sin medida, la humildad radical, la esperanza incluso en la noche más oscura.


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