
Trump cierra billonarios tratos en el Golfo y deja fuera la crisis de Gaza
Alejandro Cabrera
Un viaje sin gestos políticos, pero con cheques firmados
Las cámaras esperaban un Trump conciliador hablando de paz en Oriente Medio. En cambio, el foco estuvo en cifras astronómicas y promesas de inversión gigantescas, mientras Gaza quedaba fuera de la agenda. La foto del magnate estrechando manos en lujosos salones de Abu Dabi dijo más de lo que sus palabras dejaron ver.
En un tour que prometía modernizar la relación de EE.UU. con sus socios del Golfo, Trump selló tratos millonarios con todos: desde semiconductores de IA hasta compromisos energéticos de décadas. Pero ni una mención al bloqueo, ni un gesto hacia la hambruna que crece tras el cerrojo en Gaza.
Acuerdos históricos y prioridades estratégicas
Los números son impactantes. Emiratos Árabes anunció un programa de inversión de 400.000 millones de dólares centrado en el sector energético estadounidense. Arabia Saudita firmó convenios por 600.000 millones, incluyendo 142.000 millones en compras de armamento y sistemas de defensa. Qatar, por su parte, concretó acuerdos con Boeing que superan los 200.000 millones.
Los sectores más beneficiados fueron energía, inteligencia artificial y defensa. Se incluyeron proyectos para instalar centros tecnológicos en EE.UU., ampliaciones masivas en infraestructura energética y licencias para exportación de equipamiento militar.
Trump se mostró exultante en cada conferencia de prensa, repitiendo que estos acuerdos “devuelven el dinero a casa” y “crean empleos para los americanos”. El mensaje fue claro: la política exterior, para su equipo, debe girar en torno al intercambio económico, no al compromiso diplomático.
Silencio sobre Gaza
La omisión no pasó desapercibida. Mientras Gaza atraviesa una de sus crisis humanitarias más severas, el expresidente estadounidense evitó por completo referirse al conflicto. No hubo condenas, llamados a la paz ni siquiera menciones al tema.
El itinerario incluyó reuniones bilaterales con los principales líderes de la región, pero dejó afuera cualquier paso por Israel o Palestina. Tampoco se anunció ayuda humanitaria ni compromisos multilaterales en foros regionales. La gira fue, en términos estrictos, una operación comercial sin correlato político.
Este vacío simbólico consolida un patrón ya conocido en la diplomacia de Trump: máxima concentración en resultados económicos, mínima implicación en cuestiones de derechos humanos o conflictos complejos.
Reacciones y consecuencias
La gira reconfigura el vínculo de Estados Unidos con el mundo árabe. Los países del Golfo, que buscan diversificar sus economías post-petróleo, encontraron en Trump un socio dispuesto, pragmático y centrado en negocios. A cambio, el expresidente proyecta liderazgo internacional con contratos colosales que pueden reforzar su campaña interna.
Sin embargo, la falta de mención a la guerra en Gaza puede tener un costo reputacional. Organizaciones humanitarias, diplomáticos occidentales y sectores progresistas norteamericanos criticaron el enfoque selectivo del viaje. Se abre así una nueva grieta entre el realismo económico y las demandas éticas en política internacional.
La decisión de priorizar acuerdos empresariales sobre cuestiones geopolíticas revela la matriz con la que Trump imagina la política exterior: como una gran mesa de negocios, donde solo se sientan quienes tienen algo para ofrecer.


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