
Se terminaron los dólares de la cosecha y el Gobierno vuelve a mirar al Central
Alejandro Cabrera
La Argentina vuelve a transitar un sendero económico frágil, donde cada movimiento del dólar y cada intervención del Banco Central se leen como señales de una pulseada que aún no encuentra desenlace. Con el fin del ingreso fuerte por exportaciones agrícolas, el Gobierno se queda sin una de sus principales fuentes de dólares frescos y acelera su búsqueda de soluciones.
El Ejecutivo había apostado a la cosecha gruesa como tabla de salvación. Desde marzo, los dólares de la soja sirvieron para calmar la plaza y reforzar reservas. Pero esa ventana se cerró. Las liquidaciones comenzaron a caer a niveles preocupantes, y las reservas netas siguen sin recomponerse con la velocidad necesaria.
En busca de un salvavidas financiero
La escasez de divisas no es solo un dato técnico: tiene implicancias concretas en el mercado. El dólar paralelo volvió a acelerarse, el blue perforó techos psicológicos, y el dólar CCL da señales de alarma. En este contexto, el equipo económico comenzó a mover fichas: más intervención en los mercados, licitaciones agresivas de deuda, nuevas restricciones para importar y hasta contactos reservados con bancos internacionales.
El Banco Central, además, intensificó el uso de herramientas financieras como los “pases” y otras maniobras para absorber pesos y frenar la presión sobre el tipo de cambio. Pero estas medidas tienen un costo: aumentan la tasa de interés efectiva y enfrían el ya débil nivel de actividad.
"Se acabó la temporada alta y ahora viene el invierno financiero argentino."
La situación preocupa también en la Casa Rosada, que observa cómo la expectativa de estabilización comienza a diluirse. Los ruidos políticos –como la pelea con Villarruel o los fallos judiciales adversos– no ayudan. La incertidumbre domina los pasillos del poder.
Reservas: el talón de Aquiles de Milei
La debilidad estructural del Banco Central se torna cada vez más evidente. A pesar de los discursos de fortaleza monetaria, los números muestran otra realidad. Las reservas netas se mantienen en rojo. Sin acceso pleno al crédito externo, sin confianza para conseguir inversiones, y con un FMI en modo observador, el Gobierno tiene pocos caminos disponibles.
Se analizan medidas más drásticas: desde nuevas negociaciones bilaterales con China o Brasil, hasta una apertura del cepo para tentar la liquidación de dólares del colchón privado. Nada se descarta. Pero todo tiene un costo político. Y en un escenario donde Milei comienza a tener más frentes abiertos que cerrados, cada decisión se vuelve una apuesta riesgosa.
"El Gobierno sigue buscando dólares como si buscara aire en el fondo del mar."
El margen de error se achica semana a semana. La escasez de dólares no es solo un problema contable: es una amenaza directa sobre la estabilidad política y social. Sin divisas, no hay ancla posible para los precios, ni financiamiento para sostener subsidios o cubrir importaciones clave.
La economía argentina vuelve a un viejo dilema: cómo sostenerse cuando el ingreso de divisas se interrumpe. Y esta vez, ni la motosierra ni el ajuste parecen ofrecer una salida mágica.


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