
Alivio fiscal agro, ¿más caro comer?
Alejandra Larrea
En la reciente Exposición Rural, el presidente anunció una rebaja permanente en las alícuotas de exportación para carnes, soja, girasol, maíz y sorgo. El objetivo oficial busca impulsar las exportaciones, fortalecer los ingresos en dólares y consolidar un modelo productivo basado en menos impuestos.
Aunque el anuncio generó entusiasmo entre productores, surgieron dudas sobre cómo se reflejará esa medida en el bolsillo de los consumidores. ¿Es realista esperar una baja en los precios de los alimentos?
La baja de retenciones reduce, por ejemplo, la alícuota de carne vacuna y aviar del 6,75 % al 5 %, el maíz y sorgo del 12 % al 9,5 %, el girasol del 7,5 % al 5,5 %, y la soja del 33 % al 26 %, con sus derivados pasando del 31 % al 24,5 %.
A pesar de estas reducciones, el efecto sobre los precios al consumidor es limitado. Analistas explican que los impuestos de exportación representan una pequeña fracción del costo final: los alimentos como carne, pan o leche incorporan múltiples tributos internos (provincias, municipios, IVA), que de modo conjunto explican entre un cuarto y un tercio del precio total, mientras que las retenciones apenas influyen sobre insumos que ya están muy distanciados del precio final.
Además, ejemplos previos: cuando se eliminaron retenciones en gobiernos anteriores, la carne llegó a subir un 50 % en dos semanas y productos como aceites, pan y pollo también experimentaron fuertes alzas. Por el contrario, actuales simulaciones indican que una baja incluso del 20 % en ciertas retenciones podría impactar menos del 1 % del precio final de alimentos básicos como carne o pan, siempre que los otros costos no cambien.
Por otro lado, el costo fiscal de la medida podría representar cerca del 0,2 % del PBI. En teoría, si la producción y exportación crecen gracias a incentivos, el aumento de actividad podría compensar parte del costo impositivo mediante mayor base imponible.
La medida mejora el escenario para el agro y puede dinamizar exportaciones y divisas, pero la expectativa de un alivio palpable en los precios internos de alimentos resulta poco probable a corto plazo. El impacto está más vinculado a la estructura fiscal y productiva que al bolsillo del consumidor, al menos mientras otros impuestos e ineficiencias sigan pesando más.


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