
Perú: Congreso destituye a Dina Boluarte por “incapacidad moral permanente”
Alejandra Larrea
El proceso comenzó el 9 de octubre con la presentación de cuatro mociones de vacancia impulsadas por diversas bancadas del Parlamento. Los fundamentos esgrimidos versaban sobre denuncias de corrupción —como el caso conocido como “Rolexgate”—, críticas por el manejo de la inseguridad ciudadana y la percepción de que la presidenta careció de liderazgo para garantizar estabilidad en el país. En la sesión de admisión, las mociones lograron el consenso necesario para avanzar al debate formal.
Durante la jornada, el Parlamento rechazó una moción de censura a la Mesa Directiva y luego pasó directamente a la votación definitiva sin que Boluarte enviara defensa alguna ante el pleno. La Constitución peruana establece que, en caso de vacío presidencial mediante vacancia, es el presidente del Congreso quien debe asumir interinamente. Siguiendo ese protocolo, José Jerí juró como jefe de Estado poco después del fallo, liderando la transición vía hasta las elecciones generales previstas para abril de 2026.
El detonante más reciente del proceso fue un ataque armado ocurrido durante un concierto de la banda Agua Marina en Chorrillos (Lima), que dejó cinco personas heridas. Este episodio evidenció la espiral creciente de violencia que actores políticos utilizaron para cuestionar la capacidad del Ejecutivo para garantizar seguridad.
La vacancia de Boluarte la convierte en la sexta presidenta vacada en Perú en menos de una década, en un contexto de profunda crisis institucional. Su salida, apoyada incluso por partidos que antes la respaldaban, refleja el fuerte desgaste de su mandato y la urgencia con la que se buscó una salida política.
José Jerí, hasta entonces presidente del Congreso y uno de los arquitectos del fallo contra Boluarte, asumió con el encargo de conducir el país en este periodo de transición. Aunque su nombre aparece salpicado por denuncias judiciales, su ascenso fue rápidamente constitucionalizado para dar continuidad al Estado.
La tensión política peruana, dominada por episodios de fragmentación, polarización y desencanto ciudadano, vive un nuevo momento crítico. Con Boluarte fuera del palco ejecutivo, las miradas se vuelven ahora hacia Jerí y hacia cómo el país enfrentará las demandas de justicia, gobernabilidad y anticipación electoral en apenas seis meses.


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