
Jerí asume y promete reconciliar Perú con firmeza contra la inseguridad
Alejandra Larrea
La madrugada del viernes 10 de octubre, José Enrique Jerí asumió la presidencia de Perú en un momento de máxima turbulencia política. Su llegada al poder es producto de la normativa de sucesión constitucional tras la vacancia de Dina Boluarte, y su primer discurso frente al Congreso dejó en claro que su administración pretende instalar un nuevo tono institucional fundamentado en la reconciliación y la firmeza frente al crimen.
En su alocución, Jerí reconoció el desgaste de las instituciones y el desencanto ciudadano. Admitió que el Estado no ha estado a la altura de las expectativas y pidió perdón por los errores cometidos. Desde ese punto de partida, planteó su mandato como uno temporal de “transición, empatía y reconciliación nacional de amplia base”, con la necesidad de construir acuerdos mínimos entre las fuerzas políticas para estabilizar el país.
El nuevo presidente no ocultó la gravedad del desafío: “El Perú atraviesa una crisis política constante que pareciera no tener fin”, declaró. Para Jerí, reconstruir la confianza institucional es tan urgente como frenar la ola delictiva. En ese sentido, anunció que su gobierno declarará la guerra a la delincuencia, incrementando la coordinación entre la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y el sistema judicial, con el objetivo de recuperar la seguridad como requisito para el progreso.
Pero no todo fue discurso punitivo. Jerí también apeló al diálogo social. Habló de la importancia de escuchar a los jóvenes, atender los reclamos regionales y convocar a alcaldes, gobernadores y organizaciones civiles para generar un nuevo pacto de gobernabilidad. Su enfoque enfatizó que la estabilidad no puede imponerse desde arriba, sino construirse con la participación de distintos sectores del país.
Para enfatizar la dimensión simbólica de su mandato, Jerí invocó a figuras como Miguel Grau —símbolo nacional de dignidad— como modelo de integridad para el ejercicio público. También dejó claro que su gestión no tolerará impunidad ni privilegios: pidió que los operadores judiciales actúen con autonomía y sin presiones para restablecer el principio de que todos son iguales ante la ley.
La ceremonia de juramentación tuvo lugar en el Congreso, donde Jerí recibió el poder tras la vacancia aprobada por 121 votos a favor. En su tono inicial, se mostró consciente de la excepcionalidad de su presidencia: “No seré un presidente más”, afirmó, dejando entrever que pretende dejar una impronta durante el breve tiempo que estará al mando. infobae
Sin embargo, el panorama no está desprovisto de interrogantes. Jerí llega con cuestionamientos previos: ya antes se le han atribuido denuncias por presunto mal desempeño y casos aún en trámite. Su perfil genera expectativas pero también suspicacias en un país que ha visto repetidas transiciones traumáticas y golpes institucionales.
Por ahora, su prioridad es clara: frenar la inseguridad, recomponer el vínculo Estado–ciudadano y caminar hacia las elecciones del 2026 con un país menos fragmentado. El discurso de Jerí no solo marca el inicio de un gobierno de transición, sino la apuesta por que esta etapa no se diluya entre la improvisación y el desgaste político. En Perú, las expectativas están ahora depositadas en su capacidad de traducir palabras en acciones concretas.


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