
Un nuevo golpe para River Plate: eliminado de la Copa Argentina 2025 y con el futuro de Marcelo Gallardo en juego
Alejandra Larrea
La noche en el estadio Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba arrancó con ilusión para el Millonario. Pero tras 120 minutos disputados y una definición por penales, River Plate estacionó de nuevo en la frustración: la eliminación ante Independiente Rivadavia no solo clausuró sus chances en la Copa Argentina sino que encendió todas las alarmas puertas adentro.
Cuando el técnico Marcelo Gallardo se paró frente a los micrófonos, no buscó atajos: asumió la responsabilidad, reconoció que el equipo no responde y advirtió que al cerrar el año habrá decisiones que podrían cambiar el curso del club.
La eliminación del certamen nacional se definió desde los doce pasos, tras un empate sin goles que terminó por condensar una irregularidad futbolística que River viene arrastrando. En esa instancia, Independiente Rivadavia sostuvo la tensión con mayor convicción al momento de ejecutar, y así lográ convencer que en el fútbol actual los márgenes son mínimos. El revés ubica al equipo en un contexto de cuestionamientos técnicos, institucionales y emocionales: se van títulos, se diluyen aspiraciones y se encamina una temporada sin alegrías que pone en riesgo la continuidad del ciclo Gallardo.
La conferencia de prensa del Muñeco fue cruda, directa, casi sin filtro. “No podemos encontrar soltura, donde en general el equipo no muestra frescura ni creatividad”, dijo al inicio, apuntando al déficit que hoy exhibe River tanto en producción como en actitud. Luego sostuvo: “Este momento no es para cualquiera… Analizaremos al final de la temporada cómo seguimos. Hasta ahora los objetivos no se han cumplido”. Esas palabras accionan un señalamiento claro: hasta el cierre del campeonato local, el cuerpo técnico sabrá que la paciencia institucional tiene límite.
Con la derrota, River pierde dos vías de salvación: el título que le habría dado consuelo inmediato y, sobre todo, una inyección de ánimo para las últimas fechas del torneo de liga. El panorama se complica cuando se observa la tabla anual: la lucha por clasificar a la Copa Libertadores 2026 ya no depende únicamente de puntos sino de sensaciones, de energía, de credibilidad. Gallardo lo sabe. “Nos queda intentar estos últimos 45 días agarrarnos del campeonato, que es la única chance que tenemos para revertir este año completamente negativo, y después tomaremos las decisiones que tengamos que tomar, es así, y punto” sostuvo.
El plantel presenta un cúmulo de síntomas: falta de gol, poca fluidez, escasa chispa en ataque y un volumen de juego que no logra –al menos hasta ahora– responder a la exigencia de este club. La eliminación ante un rival que hoy tiene menos recursos y menos presión potencia el golpe: cuando el adversario levanta el nivel y River no responde, se achican los márgenes de error y aumenta la exigencia de cambio inmediato.
Las implicancias van más allá del resultado. En la dirigencia ya se evalúa un escenario donde el ciclo Gallardo vive su momento más crítico. Aunque no hubo pedido de renuncia formal, la frase “veremos cómo terminamos el año” marca un límite temporal: abril tras abril, junio tras junio, esta instancia no prometía llegar así. Ahora que está aquí, se trata de decidir si el proyecto se reconfigura con el Muñeco, se modifica o se produce un quiebre radical.
Respecto a la Copa Libertadores 2026, River ahora debe recomponer viajes, recuperar victorias, ganar en recuperación de puntos y reconstruir credibilidad ante sus adversarios y su afición. Los criterios para clasificarse se ajustan ahora a un listado de prioridades claras: sumar cuanto antes, no depender de resultados ajenos, mostrar una idea que ya no puede quedar en promesa. Esta temporada se configura como bisagra: no basta solo con terminar entre los primeros puestos, sino con mostrar un equipo preparado para competir de nuevo con la épica del club grande.
¿Qué le falta entonces? En lo inmediato: consistencia de equilibrio entre defensa y ataque, motivación renovada, lectura táctica adaptada y un recambio o refuerzo que revitalice al plantel. En lo estructural: liderazgo que retome la conexión con la hinchada, un plan de transición si es que la dirigencia define un cambio de ciclo, y aprovechar el remanente del torneo local para construir una plataforma que permita encarar la Libertadores.
La eliminación ante Independiente Rivadavia no es solamente un partido perdido: es la síntesis de un año que se viene desmoronando y que pone en jaque certezas, estructuras y proyectos. River Plate se enfrenta ahora a una encrucijada: reconstruirse desde adentro o arriesgarse a perder lo que lo hace grande.


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