
Emotiva misa en Buenos Aires para despedir al Papa Francisco: unidad política y lágrimas
Alejandro Cabrera
“Lloramos porque se murió el padre de todos”
La misa en homenaje al Papa Francisco reunió a dirigentes políticos, religiosos y una multitud de fieles en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. El arzobispo Jorge García Cuerva, a cargo de la homilía, pronunció un mensaje de fuerte contenido emotivo y de llamado a la unidad nacional.
“Lloramos porque se murió el padre de todos”, expresó García Cuerva ante una iglesia colmada de fieles y autoridades. En su prédica, destacó la figura del pontífice como “símbolo de reconciliación” y exhortó a transformar el dolor en un impulso para construir una Argentina más fraterna.
El acto litúrgico fue acompañado por el silencio respetuoso de los presentes, entre los que se contaban funcionarios de todo el arco político. Las palabras del arzobispo lograron conmover incluso a quienes habitualmente se encuentran en veredas opuestas en el plano político.
La ceremonia contó con momentos de profunda carga simbólica, como la bendición final frente al retrato del Papa Francisco y el encendido de velas por parte de los asistentes.
En su mensaje, García Cuerva instó a que “nuestras lágrimas rieguen nuestra Patria para hacerla fecunda en reconciliación y hermandad”, en una apelación directa a superar divisiones históricas.
Unidad política en medio del dolor
Uno de los gestos más comentados de la jornada fue el saludo entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y el gobernador bonaerense Axel Kicillof en las escalinatas de la Catedral.
Ambos líderes, habitualmente enfrentados en el terreno político, dejaron de lado sus diferencias para compartir un momento de respeto y recogimiento. El breve pero cordial saludo fue captado por las cámaras y valorado como un signo de madurez institucional.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, también participó de la ceremonia y destacó en breves declaraciones el “legado inmenso” que deja el Papa Francisco en Argentina y en el mundo.
La misa fue acompañada por una multitud que colmó tanto la Catedral como los alrededores de la Plaza de Mayo, en una postal que recordó los grandes momentos de unidad nacional.
Banderas argentinas, pancartas con mensajes de agradecimiento y rostros llorosos definieron el clima de la jornada.
La ceremonia se cerró con una suelta de palomas blancas y la entonación del Himno Nacional, seguido por un prolongado aplauso de la multitud.
En un contexto de fuertes tensiones políticas y sociales, la figura de Francisco logró, incluso en su despedida, tender puentes entre sectores distanciados.
La Argentina se unió simbólicamente bajo el mismo techo para despedir a su hijo más universal.


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