
Caputo impulsa un nuevo blanqueo: buscarían incluir al campo para atraer dólares "del colchón"
Alejandro Cabrera
El Ministerio de Economía avanza en la evaluación de un nuevo blanqueo de capitales. La propuesta en estudio contempla habilitar a las personas a declarar hasta 100.000 dólares en efectivo sin necesidad de justificar su origen. El objetivo es claro: captar los dólares que los argentinos tienen fuera del circuito formal, conocidos popularmente como los "dólares del colchón".
Este tipo de iniciativas no es nueva en la Argentina, aunque esta vez el Gobierno busca simplificar al máximo el procedimiento. El plan contempla que los ciudadanos que blanqueen sus fondos puedan disponer de ellos con libertad para comprar bienes o invertir, sin trabas ni penalidades.
En el contexto actual de la economía, con reservas que continúan bajo presión, la medida apunta a fortalecer las arcas del Banco Central de forma indirecta. Si bien el ingreso de dólares no se realizaría directamente a las reservas, sí permitiría dinamizar el mercado interno y generar un mayor flujo de operaciones formales.
Uno de los aspectos que genera mayor expectativa es la posible inclusión del sector agropecuario dentro de los beneficiarios del blanqueo. El campo es el mayor generador de divisas genuinas del país y su integración podría marcar la diferencia para el éxito del programa.
Productores agrícolas y empresas del sector suelen mantener stocks de granos o dólares fuera del mercado a la espera de mejores condiciones para liquidar. Incorporarlos al blanqueo podría ayudar a destrabar esas posiciones y acelerar la entrada de divisas.
Además, la posibilidad de blanquear dólares facilitaría la adquisición de insumos y tecnología para el agro, un segmento clave para la competitividad del país. Desde tractores hasta semillas, cada dólar invertido en el sector tiene un efecto multiplicador sobre la economía.
Otro aspecto relevante es la intención del Gobierno de que los fondos ingresados puedan ser utilizados para consumo cotidiano. Esto significa que quienes participen del blanqueo no estarían obligados a destinar el dinero exclusivamente a inversiones productivas, sino que también podrían utilizarlo para gastos personales.
La estrategia apunta, además, a recomponer la confianza en el sistema financiero. Habilitar el uso libre de los dólares blanqueados podría reducir el incentivo a mantener dinero en efectivo o en cuentas en el exterior, favoreciendo la repatriación de capitales.
El plan también contempla que los depósitos realizados en el marco del blanqueo puedan transferirse directamente a cuentas bancarias comunes. Esto simplificaría las operaciones y eliminaría buena parte de la burocracia que caracterizó a procesos similares en el pasado.
El Gobierno es consciente de los riesgos que implica un esquema tan laxo. Por ello, se prevé que la iniciativa incluya mecanismos para impedir que fondos provenientes de actividades ilícitas ingresen al sistema. Aun así, el criterio general será evitar trabas para quienes tengan dólares no declarados fruto del ahorro.
La medida se inscribe en un contexto económico complejo. A pesar de las señales de estabilización que el Ejecutivo busca transmitir, la falta de liquidez y la presión sobre el tipo de cambio siguen siendo desafíos centrales para la gestión económica.
En el plano político, la propuesta de blanqueo también tiene impacto. En un año donde las tensiones con distintos sectores son frecuentes, ofrecer un canal de regularización amigable puede ser visto como un gesto hacia las clases medias y altas, principales tenedoras de dólares fuera del sistema.
Entre los economistas, el debate ya está abierto. Algunos celebran la posible llegada de dólares frescos al circuito formal, mientras que otros advierten sobre los riesgos éticos y fiscales de premiar a quienes optaron por no declarar sus fondos en su momento.
Más allá de las posiciones encontradas, lo cierto es que el blanqueo se perfila como una de las apuestas más ambiciosas del Gobierno para oxigenar la economía. La inclusión del campo y la flexibilidad del esquema son señales claras de que la prioridad es destrabar divisas a toda costa.
Por ahora, la medida se encuentra en etapa de diseño y evaluación. Sin embargo, el mensaje es contundente: el Ejecutivo quiere que los dólares guardados bajo el colchón empiecen a circular cuanto antes.


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