
Israel admite que arma a clanes palestinos para combatir a Hamás en Gaza
Alejandro Cabrera
En medio de la prolongada ofensiva sobre Gaza, Israel sorprendió al confirmar que está armando a clanes palestinos dentro del enclave para que combatan directamente a Hamás. La medida, defendida por el primer ministro Benjamin Netanyahu, fue presentada como un intento de reducir las bajas entre soldados israelíes, pero abrió una caja de Pandora en el conflicto regional.
La decisión implica una apuesta riesgosa: fomentar la guerra entre palestinos como táctica militar. El gobierno israelí sostiene que algunas de estas tribus locales, enfrentadas históricamente a Hamás, podrían asumir funciones de control territorial en zonas donde las fuerzas israelíes no quieren o no pueden ingresar.
Dividir para gobernar
Según el enfoque del Ejecutivo israelí, fortalecer a estos grupos representa una forma de quebrar el poder total de Hamás sobre Gaza. No se trata solo de apoyo táctico, sino de una estrategia de mediano plazo para redibujar el mapa del poder local en la Franja.
Los clanes armados serían responsables de tareas como patrullaje, control de barrios y administración de recursos, en zonas donde Hamás ha sido debilitado o expulsado. El objetivo declarado es “prevenir el regreso del terrorismo”, aunque en los hechos también se trata de delegar el control en actores no estatales.
Para Netanyahu, esta opción es preferible a una ocupación prolongada por parte del ejército israelí. “¿Qué tiene de malo?”, habría dicho el primer ministro, al justificar que los enemigos de Hamás pueden ser aliados temporales de Israel.
Pero esta política resucita antiguos fantasmas. El fomento de milicias locales para debilitar a un actor dominante recuerda estrategias pasadas que, en muchos casos, se volvieron contra sus promotores. El riesgo de que estas facciones se vuelvan incontrolables o se alineen luego con grupos extremistas no es menor.
Preocupación internacional
Diversos actores internacionales expresaron preocupación por las consecuencias de esta decisión. Armar a grupos tribales en un contexto de crisis humanitaria, desplazamiento masivo y violencia extendida puede derivar en una nueva fase de caos interno en Gaza.
Además, se teme que algunas de estas milicias puedan tener vínculos con organizaciones radicales, incluso rivales de Hamás, pero igual de peligrosas. El riesgo no es solo para los palestinos, sino también para Israel, que podría estar sembrando nuevas formas de insurgencia.
En el plano diplomático, la decisión tensiona aún más los vínculos de Israel con algunos aliados occidentales que presionaban por una solución política a la guerra. Al armar a actores no estatales, Israel se aleja de cualquier modelo de reconstrucción institucional supervisado por organismos internacionales.
La lógica de la fragmentación
Detrás de la medida hay una lógica más amplia: la fragmentación como forma de control. Israel busca impedir que Gaza vuelva a tener un gobierno central fuerte, aunque este no sea Hamás. Dividir al territorio en múltiples enclaves tribales permitiría evitar la consolidación de un nuevo enemigo estructurado.
Es una estrategia de manual en conflictos asimétricos: debilitar a un actor poderoso incentivando la competencia interna. Pero también es un camino hacia una descomposición prolongada del tejido social y político del enclave.
El riesgo de que se instale un modelo de “Somalización” de Gaza, con múltiples jefes de guerra disputando territorio, está sobre la mesa. La aparente victoria táctica puede derivar en una derrota estratégica si el conflicto se vuelve ingobernable.
Resistencia interna
Incluso dentro de Israel hay voces críticas. Algunos exmilitares, analistas de seguridad y sectores políticos advierten sobre las consecuencias de legitimar a grupos armados que no responden a ningún marco legal ni institucional.
Además, hay preocupación por la imagen internacional del país. Promover la guerra entre palestinos podría ser visto como una forma de limpieza indirecta o manipulación colonial. Esto podría escalar la condena en foros internacionales y en la opinión pública global.
Sin embargo, Netanyahu parece decidido a seguir por este camino. Su discurso gira en torno a la necesidad de proteger a las tropas y acelerar el fin del conflicto. En su visión, la alianza temporal con clanes locales es un mal menor frente a una ocupación total.
El problema es que, una vez que estas milicias se consoliden, desarmarlas puede ser más difícil que desmantelar a Hamás. La creación de nuevos poderes fácticos podría agravar, no resolver, la inestabilidad estructural de Gaza.


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