
Un juez desestimó la millonaria demanda de Trump contra The New York Times y reabre el debate sobre la libertad de prensa en Estados Unidos
Alejandro Cabrera
Donald Trump volvió a chocar contra los tribunales en su ofensiva contra la prensa. Un juez federal en Tampa, Florida, rechazó de plano la demanda presentada por el expresidente —y actual mandatario— contra The New York Times y la editorial Penguin Random House, a quienes acusaba de difamación y daños por publicaciones que cuestionaban su imagen empresarial y política. La cifra reclamada ascendía a 15.000 millones de dólares, un monto que por sí solo convertía al caso en uno de los más resonantes de la temporada judicial en Estados Unidos.
El magistrado Steven D. Merryday fue contundente al calificar la presentación como “decisivamente impropia”. En un fallo de 18 páginas, señaló que el escrito de los abogados de Trump, de 85 páginas, carecía de fundamentos legales y no alcanzaba el estándar mínimo exigido para un caso de difamación. No obstante, el juez dejó abierta la posibilidad de que el equipo legal del presidente vuelva a intentarlo: otorgó un plazo de 28 días para reformular la demanda y presentar un nuevo escrito.
El origen de la disputa
La causa tenía como base artículos publicados en 2024 por The New York Times, en los que se cuestionaba el relato de Trump como empresario exitoso y se ponía en duda la veracidad de su fortuna. También incluía referencias al libro Lucky Loser, editado por Penguin Random House y firmado por periodistas del diario, que relataba episodios de presunta manipulación contable, evasión impositiva y vínculos con empresarios acusados de fraude.
Trump alegó que esas publicaciones habían dañado su reputación personal y empresarial en un momento clave: la campaña presidencial de 2024, que lo llevó de regreso a la Casa Blanca. Según el escrito de su equipo, las notas y el libro buscaban “socavar deliberadamente la confianza pública” en su liderazgo y generaban un perjuicio económico al afectar la valoración de sus empresas.
Sin embargo, la Justicia fue categórica en señalar que, bajo la Primera Enmienda, los medios tienen un amplio margen para investigar y publicar sobre figuras públicas. Desde el histórico caso New York Times vs. Sullivan de 1964, la doctrina estadounidense establece que para que prospere una demanda por difamación, un funcionario público debe demostrar “malicia real”, es decir, que el medio publicó información falsa con conocimiento de su falsedad o con una imprudencia temeraria. En opinión del juez Merryday, el escrito de Trump no logró acercarse a ese estándar.
Un fallo con impacto político
Más allá de lo estrictamente legal, la decisión tiene un fuerte impacto político. Trump había hecho de esta demanda un emblema de su batalla contra lo que denomina “fake news” y “enemigos del pueblo”. En sus discursos y en redes sociales, había repetido que The New York Times y otras cabeceras lo perseguían con “mentiras fabricadas” para erosionar su gobierno.
El revés judicial se convierte así en un golpe a su estrategia de victimización frente a los medios críticos. Aunque todavía puede reintentar la acción en las próximas semanas, el fallo exhibe la dificultad de avanzar contra un diario respaldado por décadas de jurisprudencia en defensa de la libertad de prensa.
El diario reaccionó con firmeza. Un portavoz de The New York Times celebró la decisión y sostuvo que “la demanda carece de cualquier alegación legal legítima”. Además, reafirmó el compromiso de la redacción con la Primera Enmienda y con “el deber de investigar rigurosamente a quienes ocupan el poder, sin importar el costo político de esas investigaciones”.
Un historial de choques con la prensa
Este no es el primer intento de Trump de judicializar su enfrentamiento con los medios. Durante su primer mandato (2017-2021), había amenazado en varias ocasiones con modificar las leyes de difamación para facilitar demandas contra periodistas y cadenas de televisión. En 2021 llegó a demandar a CNN por 475 millones de dólares, alegando que lo habían comparado con Hitler en un segmento de opinión. Ese caso también fue desestimado.
En paralelo, su equipo jurídico presentó acciones contra periodistas individuales y contra el libro de John Bolton, su exasesor de Seguridad Nacional, al que acusó de revelar información confidencial. Ninguna de esas demandas prosperó, pero sirvieron para reforzar su narrativa de “persecución mediática”.
La diferencia en este nuevo capítulo es que Trump ya no es expresidente, sino que volvió a la Casa Blanca en 2025. Eso convierte cualquier disputa con la prensa en un asunto de primer orden político e institucional. La Casa Blanca ha sido acusada por organizaciones de derechos civiles de intentar intimidar a medios críticos mediante amenazas veladas, presiones económicas e incluso declaraciones sobre posibles restricciones a licencias de transmisión de cadenas de televisión.
La libertad de prensa bajo tensión
La Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos garantiza de manera amplia la libertad de expresión y de prensa. Sin embargo, la batalla política ha puesto esos derechos en el centro del debate. Mientras grupos cercanos a Trump insisten en que los grandes medios actúan como “partido opositor encubierto”, organizaciones como la Asociación de Periodistas Americanos y el Comité para la Protección de los Periodistas denuncian que la retórica del mandatario genera un clima hostil que ya se tradujo en agresiones a reporteros durante manifestaciones.
El fallo de Merryday no solo protege al New York Times en este caso puntual, sino que también reafirma una doctrina central del sistema estadounidense: los medios tienen derecho a cuestionar a las figuras públicas y a investigar su conducta sin temor a represalias judiciales desproporcionadas. Esa es la base, argumentan los expertos, de una democracia plural y de un sistema de contrapesos efectivo.
Lo que viene
El equipo legal de Trump adelantó que reformulará la demanda dentro del plazo otorgado y que insistirá en su reclamo. Algunos juristas creen que buscarán introducir nuevos argumentos vinculados al “daño económico” sobre las empresas de la familia Trump, un terreno donde los estándares de prueba podrían ser más flexibles. Otros, en cambio, señalan que la propia naturaleza de la Primera Enmienda convierte en casi imposible una condena de este tipo, salvo que se pruebe falsedad deliberada.
Mientras tanto, el caso ya se convirtió en un símbolo de la tensión entre poder político y prensa en la era Trump. Para sus seguidores, se trata de un nuevo ejemplo de un sistema judicial parcializado que protege a medios “hostiles”. Para sus críticos, es la demostración de que el Presidente intenta usar los tribunales como herramienta de censura encubierta.
En cualquier escenario, el resultado trasciende a las partes: lo que está en juego es la capacidad de los medios de comunicar sin temor a represalias, y la habilidad del poder político de aceptar el escrutinio público. El fallo de Florida, más allá de sus tecnicismos, vuelve a marcar la línea que separa la crítica dura de la difamación real, y reabre una discusión que acompañará toda la presidencia de Trump.



Trump exige participar en la elección del próximo líder de Irán y eleva la tensión internacional en plena guerra

Trump destituyó a Kristi Noem como jefa del Departamento de Seguridad Nacional en medio de una nueva crisis política en Washington

Cuba y Estados Unidos vuelven a tensar el vínculo: el factor Marco Rubio y la sombra de Raúl Castro

Donald Trump vuelve a chocar con la Corte Suprema por los aranceles

DICTADURA Y GUERRILLA: QUÉ TAN DERROTADAS ESTABAN LAS ORGANIZACIONES ARMADAS EN 1976

ADORNI EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA: EXPLICACIONES OFICIALES EN MEDIO DE DUDAS POR VIAJES Y GASTOS

MORA EN CRÉDITOS FAMILIARES: RÉCORD DESDE 2010, ALERTA EN BANCOS Y FINTECH Y UN SISTEMA QUE EMPIEZA A TENSIONARSE




