
Netanyahu rechaza el Estado palestino y la ultraderecha exige anexar Cisjordania
Alejandra Larrea
Benjamin Netanyahu reafirma este sábado su postura contraria a la creación de un Estado palestino, al declarar públicamente que “no habrá un Estado palestino” bajo su mandato. La frase reaviva el conflicto político y diplomático en Medio Oriente y abre la puerta a un nuevo escenario de tensión con la Autoridad Nacional Palestina y con la comunidad internacional.
La respuesta palestina no se hace esperar: dirigentes en Ramallah denuncian que el gobierno israelí busca consolidar una política de hechos consumados al expandir asentamientos y bloquear cualquier negociación seria de paz. Subrayan que la negativa de Netanyahu se suma a una escalada de violencia en Cisjordania, donde los enfrentamientos con colonos y fuerzas de seguridad israelíes dejan un saldo creciente de víctimas.
En paralelo, partidos de ultraderecha dentro de la coalición oficialista aprovechan las palabras del primer ministro para exigir la anexión formal de Cisjordania. Sostienen que, sin proceso de paz en el horizonte, Israel debe declarar soberanía plena sobre los territorios que controla militarmente desde 1967. La propuesta genera rechazo incluso en sectores moderados, que temen un aislamiento internacional y la ruptura de acuerdos de seguridad con Estados Unidos y la Unión Europea.
El contexto regional amplifica la tensión. En Gaza, la reconstrucción sigue paralizada tras la última ofensiva, y la situación humanitaria alimenta la radicalización política. Los países árabes vecinos, con Egipto y Jordania a la cabeza, advierten que una anexión unilateral podría desestabilizar aún más la región y enterrar cualquier posibilidad de diálogo.
La comunidad internacional observa con preocupación. Naciones Unidas insiste en la necesidad de la solución de dos Estados como única salida viable al conflicto, pero el gobierno israelí se muestra cada vez más decidido a descartar esa vía. En Washington, la administración norteamericana evita confrontar de manera directa, aunque se multiplican las presiones del ala demócrata para que se condenen explícitamente las declaraciones de Netanyahu.
La frase “no habrá un Estado palestino” se convierte así en un nuevo punto de quiebre en la política israelí. Marca la línea roja de Netanyahu y fortalece a la ultraderecha interna, a la vez que profundiza el desencanto y la frustración del pueblo palestino frente a un horizonte cada vez más lejano de soberanía.


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