
La vida cañón: el retrato de Analía Plaza sobre los privilegios de los boomers y el futuro incierto de sus hijos
Alejandro Cabrera
El 17 de septiembre de 2025 salió a la luz La vida cañón: La historia de España a través de los boomers, escrito por la periodista Analía Plaza. El ensayo-reportaje llegó a librerías con fuerza mediática y rápidamente se instaló en el debate público. Su tesis es clara: los boomers —los nacidos en España entre finales de los cincuenta y mediados de los setenta— son una generación que disfrutó de ventajas materiales y sociales que no están disponibles ni para las generaciones anteriores ni para las posteriores.
El libro no se limita a trazar un retrato nostálgico. Más bien busca interpelar al lector con una afirmación incómoda: buena parte de los problemas actuales de la sociedad española, desde la dificultad para acceder a una vivienda hasta la crisis de las pensiones, tienen raíces en esa acumulación de privilegios.
Para quienes no conocen el contexto español, La vida cañón es también una guía de historia social: explica cómo el acceso a la educación, el empleo estable y la vivienda asequible marcaron a fuego la trayectoria de los boomers, y por qué sus hijos —millennials y generación Z— se sienten atrapados en una espiral de precariedad.
El origen del título y la metáfora
“La vida cañón” es una expresión que Plaza encontró en un tema musical de Alcalá Norte inspirado en entrevistas populares de comienzos del siglo XX. En ellas, la gente hablaba de su “vida cañón” como una existencia soñada, con lujos o comodidades que para la época parecían inalcanzables. Plaza retoma ese concepto para aplicarlo a los boomers: una generación que, en términos comparativos, pudo vivir “a todo tren”.
La autora admite que mientras escribía el primer capítulo, le surgió la frase: “esta gente se está pegando la vida cañón”. Y con ella armó el título de un libro que mezcla datos, testimonios e ironía.
El núcleo de la tesis
Plaza afirma que los boomers vivieron mejor que sus padres y que sus hijos. En España, la posguerra y el franquismo dejaron generaciones empobrecidas que luchaban por sobrevivir. Los boomers crecieron en una época de modernización, expansión educativa, acceso a servicios públicos y pleno empleo.
Los datos lo avalan:
Vivienda: mientras los boomers podían comprar un piso con varias anualidades de salario, hoy se necesitan décadas de ingresos para aspirar a lo mismo. En su momento, la relación salario/precio de la vivienda era favorable. Ahora, los jóvenes enfrentan hipotecas imposibles y alquileres por las nubes.
Trabajo: la generación boomer accedió a empleos más estables y previsibles. Muchos lograron “hacer carrera” en empresas o en la administración pública. En contraste, los millennials y centennials encadenan contratos temporales, becas mal pagadas y precariedad.
Pensiones: los boomers están jubilándose con sistemas de pensiones aún sólidos, mientras que sus hijos dudan de que existan en el futuro.
Patrimonio: buena parte de los boomers alcanzó a comprar viviendas, acumular patrimonio y dejar herencias. Sus hijos, en cambio, luchan por llegar a fin de mes.
Vivienda, el corazón del conflicto
El libro dedica un apartado central a la vivienda, considerada el motor de la desigualdad generacional. Plaza recurre a cifras oficiales para mostrar cómo, a partir de los años 80, muchos boomers pudieron acceder a su primera vivienda con préstamos asequibles.
Ese fenómeno permitió no solo estabilidad residencial, sino también un trampolín de acumulación de capital: al heredar esas propiedades, los hijos podían mejorar su posición de partida. Pero con la inflación inmobiliaria y la financiarización del mercado, esa posibilidad se ha convertido en un sueño lejano para los jóvenes.
Hoy, la diferencia es dramática: mientras el 70% de los boomers es propietario de su vivienda, apenas el 30% de los menores de 35 lo consigue. La “vida cañón” se sostiene sobre ladrillos que ya no están al alcance de todos.
El mercado laboral
Plaza analiza cómo los boomers se beneficiaron de un mercado laboral en expansión, en el que existían empleos industriales y administrativos de larga duración. Se podían proyectar carreras profesionales, ahorrar y acceder al crédito.
Las generaciones actuales, en cambio, padecen contratos temporales, sueldos bajos y alta rotación. Incluso con títulos universitarios, la precariedad sigue siendo la norma. Esto explica por qué muchos jóvenes sienten que se esfuerzan más que sus padres, pero avanzan menos.
Género y desigualdad
El libro también aborda cómo las mujeres boomers vivieron un tránsito complejo: fueron protagonistas del ingreso masivo al trabajo asalariado, pero también arrastraron desigualdades de género. Muchas interrumpieron su carrera por las tareas de cuidado, lo que hoy se traduce en pensiones más bajas.
Plaza subraya que los privilegios generacionales no fueron homogéneos: dentro de los boomers hubo desigualdades por género, clase y territorio. No todos vivieron la misma vida cañón.
Pensiones y futuro incierto
El sistema de pensiones es otro foco del análisis. España afronta un envejecimiento acelerado: menos nacimientos, más jubilados. Los boomers disfrutan aún de pensiones relativamente estables, pero sus hijos dudan de que ese sistema pueda sostenerse.
Plaza no propone recortes, pero sí plantea el debate de fondo: cómo diseñar un esquema equitativo que no condene a los jóvenes a financiar beneficios que ellos mismos nunca recibirán.
La herencia como línea divisoria
El libro señala un fenómeno decisivo: la herencia. Los boomers transmiten a sus hijos viviendas y patrimonios que marcan la diferencia entre quienes logran cierta estabilidad y quienes quedan atrapados en la precariedad.
Esto refuerza las desigualdades: no solo entre generaciones, sino también dentro de ellas. Un joven que hereda un piso empieza su vida adulta en condiciones radicalmente distintas a quien debe alquilar.
Reacciones al libro
El impacto de La vida cañón fue inmediato. En entrevistas, Plaza admitió que nunca había molestado tanto a un colectivo: “14 millones de personas se sintieron aludidas”.
Algunos boomers criticaron el libro por caricaturizarlos como privilegiados. Otros reconocieron que, efectivamente, tuvieron más oportunidades que sus hijos. En redes sociales, los millennials compartieron pasajes como un espejo de su frustración: estudiar más, trabajar más y aun así tener menos.
Plaza insiste en que no se trata de culpabilizar al individuo, sino de comprender estructuras. “No señales a tu abuelo, señala al sistema que permitió esa desigualdad”, explica.
Un fenómeno global
Aunque centrado en España, el libro conecta con problemas universales: el encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral y las tensiones en los sistemas de pensiones atraviesan a gran parte de Occidente. La narrativa de Plaza puede dialogar con jóvenes de América Latina, Europa y Estados Unidos que enfrentan las mismas dificultades para acceder a una vida digna.
La vida cañón no es un ajuste de cuentas generacional, sino un análisis lúcido sobre cómo las condiciones históricas moldearon vidas desiguales. La generación boomer pudo disfrutar de estabilidad y progreso. Sus hijos, en cambio, se enfrentan a un futuro incierto donde los logros parecen más difíciles que nunca.
El mérito del libro de Analía Plaza está en traducir esa realidad en un relato accesible, con humor, ironía y datos contundentes. No busca enfrentar a padres e hijos, sino abrir un debate sobre justicia intergeneracional, vivienda, trabajo y pensiones.
En tiempos en que la frustración juvenil se expresa en protestas, memes y resignación, este ensayo aporta una brújula para entender por qué se ha roto el pacto social. La pregunta que queda flotando es inquietante: ¿quién podrá vivir la vida cañón en el siglo XXI?


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