
EE. UU. confirma que la Argentina activó un tramo del swap y generó “ganancias” para Washington
Alejandro Cabrera
En un anuncio que generó inmediato impacto en los mercados y en la percepción de la relación bilateral, el Tesoro norteamericano confirmó que la Argentina hizo uso de un tramo del acuerdo de swap cambiario que ambos gobiernos habían firmado. Durante una entrevista televisiva, Scott Bessent no solo admitió la activación del mecanismo sino que señaló que “ya tuvimos ganancias” con la operación. Las palabras provocaron una nueva ola de análisis sobre qué implica para la soberanía monetaria argentina, sobre el estado de las reservas y sobre el enfoque estratégico de EE. UU. hacia la región.
En el contexto de una economía que atraviesa elevada vulnerabilidad, donde la autoridad cambiaria guiada por el Banco Central de la República Argentina ha sido sometida a fuertes tensiones, la confirmación del uso del swap abrió un nuevo capítulo de preguntas sobre la naturaleza del apoyo externo, sus condiciones implícitas y sus efectos.
Un acuerdo estratégico de emergencia
El swap con Estados Unidos fue acordado a mediados de 2025 por un monto de hasta USD 20.000 millones. El esquema tiene como objetivo reforzar la liquidez en dólares y evitar sobresaltos cambiarios, pero también permite al Tesoro norteamericano realizar colocaciones de corto plazo con un rendimiento favorable.
En la práctica, un “swap” es un intercambio temporal de divisas: un país entrega su moneda local a cambio de dólares, con el compromiso de devolverlos en una fecha posterior junto con un interés pactado. Para la Argentina, ese mecanismo representa una fuente rápida de divisas. Para Estados Unidos, una inversión segura y rentable.
El acuerdo, según comunicados oficiales previos, debía servir para “fortalecer la estabilidad macroeconómica y promover la cooperación financiera”. Sin embargo, la admisión de que ya generó ganancias expuso un costado más pragmático: no se trató de un auxilio gratuito, sino de una transacción ventajosa para el país del norte.
Cuánto se usó y para qué
Si bien no existen cifras oficiales detalladas, estimaciones del mercado financiero coinciden en que la Argentina habría utilizado unos USD 2.700 millones del total disponible. El dinero se habría destinado en parte a intervenciones cambiarias del Banco Central y a pagos al Fondo Monetario Internacional.
Ese uso puntual permitió aliviar la presión sobre las reservas y mostrar una mejora temporal en los indicadores de cobertura. Pero también dejó claro que el margen de maniobra del BCRA sigue siendo limitado.
Antes de esta operación, el Central había informado que todo el monto del swap estaba “disponible” pero no contabilizado como reserva efectiva, dado que el acceso dependía de la activación de cada tramo. La confirmación del Tesoro norteamericano despejó las dudas: al menos una parte del acuerdo ya está en ejecución.
“Ya tuvimos ganancias”: la frase que cambió el tono
Scott Bessent eligió palabras simples pero de fuerte impacto. “Ya tuvimos ganancias”, dijo al ser consultado sobre los resultados del acuerdo con la Argentina.
La expresión fue interpretada como una señal política tanto como económica. En Washington, mostró que el Tesoro puede presentar el programa como un éxito financiero ante el Congreso. En Buenos Aires, en cambio, la frase encendió la discusión sobre la naturaleza del vínculo bilateral y las condiciones que acompañan cada desembolso.
Para muchos analistas, la frase confirma que el swap no fue un simple puente de liquidez, sino una operación con retorno garantizado para el país prestamista.
La visión desde Buenos Aires
En el Gobierno argentino, la lectura fue ambivalente. Por un lado, se considera que el respaldo de Estados Unidos refuerza la confianza internacional y ayuda a estabilizar el tipo de cambio. Por otro, se reconoce que recurrir a ese instrumento refleja la escasez estructural de divisas y la imposibilidad de sostener el mercado sin apoyo externo.
El Banco Central mantiene una estrategia de intervención limitada dentro de un régimen de bandas cambiarias, mientras el ministro de Economía busca consolidar una reducción gradual de la brecha entre el dólar oficial y los paralelos.
En ese contexto, disponer de dólares adicionales provenientes del swap le permitió al equipo económico reducir la volatilidad y evitar una escalada preelectoral. Sin embargo, el costo financiero y político de esa ayuda se mantiene en reserva.
Un alivio momentáneo para las reservas
Con la activación del swap, las reservas brutas del BCRA mostraron una recuperación en el corto plazo. Pero los especialistas advierten que buena parte de esos fondos tienen carácter transitorio.
Las reservas netas —las que realmente pertenecen al país— continúan en terreno negativo, y la dependencia de líneas de crédito externas no se traduce en una mejora estructural de la posición externa.
Aun así, el gesto del Tesoro estadounidense fue interpretado por el mercado como una señal de respaldo al programa económico del gobierno argentino y a las reformas en curso.
Los matices geopolíticos
El componente financiero del swap convive con un trasfondo político. Desde el inicio de la administración Milei, la relación con Washington se volvió prioritaria, desplazando parte del eje comercial que durante años había tenido a China como socio principal en materia de swaps de divisas.
De hecho, la Argentina ya mantenía acuerdos de este tipo con el Banco Popular de China, que fueron utilizados en varias oportunidades para reforzar reservas. Sin embargo, esta vez el interlocutor fue el Tesoro norteamericano, lo que marca un giro en la orientación estratégica del país.
Para Estados Unidos, apoyar a la Argentina en este contexto también implica un movimiento geopolítico: reducir la influencia de Beijing en América del Sur mediante instrumentos financieros directos.
Qué implica para la soberanía financiera
El uso de un swap no implica una cesión de soberanía en términos jurídicos, pero sí genera una dependencia práctica. La disponibilidad de divisas pasa a depender de la voluntad del país emisor, que puede condicionar su renovación o su ampliación según factores políticos.
En este caso, la admisión de que el Tesoro obtuvo beneficios refuerza la idea de una relación asimétrica: el país receptor utiliza los fondos por necesidad, mientras el emisor los capitaliza como oportunidad.
De todas formas, la operación fue presentada por ambas partes como un acuerdo “beneficioso para los dos países”. Para Argentina, significó un refuerzo inmediato de las reservas. Para Estados Unidos, una inversión rentable y un instrumento de influencia regional.
Expectativas hacia adelante
En el corto plazo, el Gobierno argentino confía en que el swap con Estados Unidos contribuya a estabilizar el tipo de cambio y a dar oxígeno al programa económico. Sin embargo, los desafíos estructurales persisten: inflación alta, bajo nivel de reservas netas, recesión y escasa confianza en los activos en pesos.
Los próximos pasos incluirán definir si se amplía la utilización del acuerdo o si se busca renovar la línea cuando se cumplan los plazos de devolución. Todo dependerá de la evolución del frente externo y de la negociación paralela con los organismos multilaterales.
Mientras tanto, la frase de Bessent quedó instalada como símbolo del momento económico: el país accede a dólares prestados, los usa para sostener su frágil equilibrio, y el prestamista celebra las ganancias.
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