
El dólar cayó por quinto día seguido y marcó su valor más bajo en más de un mes
Alejandro Cabrera
La cotización del dólar dejó atrás la tensión de comienzos de mes y encadenó un ciclo descendente que sorprendió incluso a operadores experimentados. Cinco jornadas consecutivas a la baja no son un fenómeno frecuente en la Argentina, y menos aún en un contexto cargado de incertidumbre política y fiscal.
El retroceso llevó al tipo de cambio mayorista al nivel más bajo en más de 30 días y reacomodó expectativas en un mercado que venía operando con cautela por el impacto del acuerdo comercial con Estados Unidos, las emisiones de deuda corporativa y la estrategia del Banco Central. La señal que dejó la rueda del lunes fue clara: por primera vez en semanas, la presión dejó de estar en la compra y se desplazó hacia la oferta.
Un piso inesperado: cómo se movió el dólar en la jornada
El dólar mayorista cerró la rueda en $1.387, lo que implicó una baja diaria de alrededor de $16 y consolidó la quinta caída consecutiva. Ese valor no se registraba desde el 15 de octubre y marca un quiebre en la dinámica alcista que dominó la primera mitad del mes. En el mercado minorista, el billete se ofreció cerca de $1.415, con un retroceso moderado en relación con el viernes.
El volumen operado fue relativamente bajo —poco más de USD 350 millones—, un dato que contribuyó al desplazamiento del tipo de cambio dentro de la banda. La baja se dio sin intervención significativa por parte del Banco Central, y esto fue leído como una señal adicional de calma.
En paralelo, el dólar informal acompañó la tendencia con un movimiento tenue: subió levemente hasta los $1.435, sin modificar en lo inmediato la brecha, que sigue en torno al 3,5% respecto del oficial. El mercado ilegal permanece más sensible a los movimientos políticos y menos a los financieros, por lo que aún no replica el descenso del segmento regulado.
Por qué cayó el dólar: las claves detrás del movimiento
La explicación del quinto descenso consecutivo se sostiene sobre tres pilares que convergieron esta semana:
1. Ingreso de divisas por deuda corporativa
Varias compañías argentinas emitieron deuda en el exterior durante las últimas cuatro semanas, con un volumen acumulado que superó los USD 3.000 millones. El efecto fue inmediato: esas emisiones alimentaron la oferta de divisas en el mercado local y contribuyeron a aflojar la tensión cambiaria.
El posicionamiento de grandes jugadores corporativos también generó expectativas de estabilidad, al menos en el corto plazo.
2. Futuros en baja y sin tensión
Los contratos de dólar futuro —que sirven como termómetro de expectativas— retrocedieron de manera generalizada. El vencimiento de noviembre operó debajo del techo de la banda cambiaria, mientras que los contratos de diciembre y enero siguieron la misma lógica.
El mensaje para el mercado fue que, al menos por ahora, no se espera un salto abrupto del tipo de cambio. El hecho de que todos los vencimientos se ubiquen por debajo del límite superior impuesto por el Banco Central agrega un componente de certidumbre adicional.
3. El esquema de bandas cambiarias
La banda superior se ubicó este lunes en $1.504, mientras que el límite inferior quedó en $929. El tipo de cambio corrió lejos de ambos extremos y se movió con relativa libertad en el interior de ese corredor. El sistema de bandas, que había generado controversias por su rigidez en semanas anteriores, funcionó esta vez como contención y como señal de consistencia.
El Gobierno sostiene un tono optimista respecto del ingreso de divisas de cara al acuerdo comercial con Estados Unidos. La expectativa de mayores flujos comerciales y financieros refuerza la idea de que habrá más dólares disponibles en los próximos meses, lo cual impacta las expectativas devaluatorias.
¿Estabilidad o espejismo? Lo que mira hoy el mercado
Si bien el retroceso del dólar es una señal positiva, los analistas destacan que esta dinámica no garantiza un cambio de tendencia sostenido. Hay cinco factores que el mercado sigue de cerca:
1. Reservas del Banco Central
La acumulación sigue siendo el desafío central. El BCRA todavía opera con un margen acotado y necesita capitalizar cualquier ventana de oportunidad para recomponer su posición.
2. Impacto real del acuerdo con Estados Unidos
El acuerdo comercial fue celebrado por el Gobierno como un hito político, pero el mercado espera ver su impacto concreto en el flujo de dólares y en los incentivos para exportar. En especial, se monitorea qué sectores podrán beneficiarse de manera inmediata.
3. Emisiones corporativas: ¿viento a favor o recurso puntual?
Es probable que parte del ingreso extraordinario de divisas sea de efecto transitorio. La verdadera señal llegará cuando las empresas definan si repetirán estas colocaciones en los próximos meses o si se trató de una ventana excepcional.
4. Inflación y señales fiscales
El tipo de cambio no se mueve en un vacío. La dinámica de los precios, el ajuste fiscal y el futuro del acuerdo con el FMI condicionan los próximos pasos. El mercado aún duda sobre la sostenibilidad del rojo primario proyectado para fin de año.
5. Esquema cambiario 2026
Dentro del Gobierno conviven posturas distintas sobre el futuro del sistema de bandas. Algunos funcionarios sostienen que debe mantenerse hasta acumular reservas suficientes; otros ven el acuerdo con Estados Unidos como una oportunidad para rediseñar el régimen. La incertidumbre sobre los cambios que puedan llegar en marzo o abril del próximo año también juega en el humor del mercado.
Una semana que redefine expectativas
La caída consecutiva del tipo de cambio mayorista no solo es una noticia técnica: también es un gesto político y económico. Tras semanas de rumores sobre ajustes, devaluaciones encubiertas o tensiones internas dentro del Banco Central, el mercado interpretó esta baja como un mensaje de coordinación.
Varios analistas remarcan que el comportamiento del dólar muestra que, cuando la oferta aparece y las expectativas de corto plazo se ordenan, el tipo de cambio tiende a estabilizarse. El dato relevante, sin embargo, es si esa oferta será sostenible o si se trató de un episodio puntual.
El retroceso del dólar también descomprimió expectativas inflacionarias de corto plazo y dejó mejor posicionada a la deuda en pesos, que venía absorbiendo parte de la incertidumbre cambiaria.
Qué puede pasar en las próximas ruedas
Los operadores coinciden en que el dólar podría moverse en un rango acotado durante los próximos días. La presión cambiaria no desapareció, pero sí se relajó, y eso le da al Banco Central un margen adicional para intervenir de manera quirúrgica si lo considera necesario.
De todos modos, la tranquilidad cambiaria puede volverse volátil rápidamente si se modifica alguno de los factores que hoy alimentan la oferta: las empresas no vuelven a emitir, los futuros cambian de tendencia o la expectativa por el acuerdo con Estados Unidos se enfría.
La clave, sostienen, será monitorear el volumen de operaciones: si aumenta, el tipo de cambio puede volver a moverse con fuerza; si disminuye, el equilibrio puede prolongarse.
La caída del dólar durante cinco días consecutivos no es un dato aislado: revela una mejora momentánea en la oferta de divisas, un reacomodamiento de expectativas y un clima financiero más calmo que el observado semanas atrás. Pero también confirma que la estabilidad sigue siendo frágil y depende de factores que no están completamente bajo control del Gobierno. El mercado lee el presente como un respiro, no como un rumbo definitivo.


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