
El apretón que rompió a la oposición: Capriles y la legitimación del fraude chavista
Alejandro Cabrera
Una escena que lo dijo todo
El momento duró segundos, pero el impacto fue inmediato. Henrique Capriles, dos veces candidato presidencial y referente de la oposición moderada, estrechó la mano de Elvis Amoroso mientras recibía su credencial como diputado. La imagen recorrió redes, portales y grupos políticos con una mezcla de estupor, resignación y rabia.
Amoroso, presidente del Consejo Nacional Electoral, fue el principal ejecutor del proceso del 28 de julio, una elección marcada por denuncias de irregularidades, inhabilitaciones masivas y manipulación institucional. El mismo que bloqueó a candidatos opositores, ahora legitimado con una sonrisa por uno de los dirigentes históricos del antichavismo.
Capriles no fue el único. Junto a él, otros referentes como Stalin González, Tomás Guanipa, Luis Emilio Rondón y Pablo Pérez también aceptaron sus bancas en una Asamblea Nacional dominada por el oficialismo. El mensaje, según algunos analistas, es claro: una parte de la oposición ha optado por integrarse al juego político controlado por el chavismo, mientras la otra resiste desde fuera, acusando rendición.
De la confrontación a la convivencia
Para los sectores duros del exilio y de la oposición aún no cooptada, el gesto fue interpretado como una traición. No solo por aceptar cargos, sino por otorgarle al proceso de julio una legitimidad simbólica que el régimen busca a toda costa. La lógica del "mal menor" o de "ganar espacios" pierde fuerza ante el trasfondo de un sistema sin garantías democráticas.
Capriles, que supo encarnar la vía electoral como contrapeso a la estrategia insurreccional, parece hoy apostar a la lógica institucional desde adentro. Pero el problema no es la vía: es el árbitro. Y ese árbitro, encarnado en Amoroso, representa lo que buena parte del país considera la negación misma de la justicia electoral.
Aquel que denunció fraude en 2013 y se negó a convalidar los resultados frente a Nicolás Maduro, hoy aparece sonriendo junto al operador del sistema.
Un punto de quiebre para la oposición
La imagen del apretón no sólo afecta a Capriles: dinamita cualquier intento de unidad opositora real. Mientras María Corina Machado sigue inhabilitada y sectores civiles siguen reclamando elecciones libres, el ingreso de figuras históricas a una Asamblea vaciada de poder pone en crisis la credibilidad de toda la oposición institucional.
Ya no se trata solo de diferencias estratégicas, sino de legitimidades cruzadas: ¿quién representa realmente a quienes quieren un cambio profundo en Venezuela? ¿Es posible la convivencia dentro del sistema sin perder el objetivo final? ¿O se trata simplemente de una claudicación progresiva, aceptada por quienes ya no creen que el cambio sea posible?
La escena final de una larga renuncia
Para muchos, Capriles selló con ese apretón el cierre simbólico de la era de la oposición tradicional. La que negoció con el régimen, la que apostó al centro, la que intentó convivir con las reglas impuestas desde Miraflores. Su paso por la Asamblea será leído, a favor o en contra, como la validación de un modelo de “oposición permitida”.
Frente a un país que clama por un giro real y profundo, la escena de Capriles recibiendo su credencial de manos de Amoroso podría ser recordada como el último gesto de una estrategia agotada. No traición, quizás. Pero sí resignación.


Crece el rechazo internacional a la pena de muerte para palestinos en Israel

Lula confirma a su vice y reordena el Gobierno de cara a octubre

Hallazgo macabro en Brasil: encontraron el cuerpo de una joven en un freezer y detuvieron a un sospechoso



La escribana de Adorni y su paso por causas narco: quién es Adriana Nechevenko y por qué quedó bajo la lupa

Artemis II rompe un récord en órbita y marca un nuevo paso en el regreso humano a la Luna

Milei reafirma su rumbo económico y defiende el superávit fiscal como eje central

Irán endurece su postura: rechaza limitar su programa nuclear y amenaza con represalias


