
China enfrenta una brusca desaceleración: la producción industrial y el consumo caen a niveles de hace casi un año
Alejandra Larrea
En agosto de 2025 China dio señales claras de que la recuperación económica se está desacelerando. La producción industrial, un barómetro clave del crecimiento, avanzó apenas 5,2 % interanual, por debajo del 5,7 % que se había registrado en julio. Esa tasa resulta una de las más bajas en los últimos 12 meses, lo que indica que las fábricas ya no crecen con la fuerza de meses anteriores. Al mismo tiempo, el consumo interno —medido por las ventas minoristas— creció apenas 3,4 %, marcando el ritmo más bajo desde noviembre de 2024, lo que evidencia una pérdida de impulso entre los hogares chinas.
El desgaste no se limita a estos indicadores. El mercado inmobiliario chino continúa mostrando debilidad persistente: los precios de viviendas nuevas bajaron 0,3 % respecto al mes anterior, y acumulan una caída de alrededor del 2,5 % en el año. Esta retracción golpea no solo al sector de la construcción sino también al efecto riqueza esperado en los consumidores, que ven reducida la percepción de patrimonio.
Otro dato preocupante es la evolución del empleo urbano: la tasa de desempleo en las zonas urbanas aumentó a 5,3 %. Pese a que no se trata de una cifra catastrófica, sí es indicativa de una pérdida de dinamismo en la creación de puestos de trabajo y de posibles tensiones sociales si esta tendencia se prolonga.
Analistas atribuyen parte del deterioro a factores temporales —como condiciones climáticas adversas que afectaron la producción—, pero coinciden en que el crecimiento subyacente está decayendo. La combinación del debilitamiento en la demanda doméstica, el peso del sector inmobiliario y los márgenes cada vez más estrechos para empresas por la competencia y costos de insumos, dibujan un escenario complicado para los próximos meses.
Frente a este panorama, las autoridades chinas están bajo presión para avanzar con medidas de estímulo económico. Se espera que impulsen apoyos financieros para los consumidores, incentivos fiscales, posiblemente reducciones en tasas de interés y regulaciones que alivien la carga del sector inmobilario. El objetivo será evitar que esta etapa de desaceleración desemboque en una recesión técnica, especialmente considerando que el plan de crecimiento del gobierno apunta a una meta anual cercana al 5 %.
La caída en agosto no es un hecho aislado sino parte de una tendencia creciente: producción fabril con datos menos sólidos mes tras mes, consumo que ya no se eleva con la misma fuerza, y sectores claves como la vivienda operando con sombra. En suma, China enfrenta una encrucijada: reforzar su capacidad de recuperación interna o depender cada vez más del comercio exterior, en un entorno global marcado por tensiones comerciales, inflación internacional y demanda externa intermitente.


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