
Gaza queda incomunicada y se agrava el temor a una ofensiva israelí
Alejandro Cabrera
La crisis en Gaza entró en una fase aún más dramática tras confirmarse que toda la Franja palestina quedó incomunicada, sin acceso a internet ni telefonía. El corte coincidió con la llegada de tanques israelíes a distintos barrios de Ciudad de Gaza y con el vencimiento del plazo de 24 horas impuesto por el ejército israelí para que más de medio millón de personas abandonen la capital.
Los residentes reportaron que las fuerzas israelíes ya controlan los suburbios orientales de la ciudad y que los combates se concentran en Sheij Radwán y Tel al Hawa, zonas que podrían servir de base para avanzar hacia el centro y el oeste, donde se refugian entre 600.000 y 800.000 personas. En paralelo, panfletos lanzados desde el aire instan a la población a huir hacia una “zona humanitaria” en el sur, que organizaciones internacionales describen como insalubre y sin alimentos ni agua.
La pérdida de comunicaciones se interpreta como preludio de un recrudecimiento militar. En ocasiones anteriores, los cortes precedieron a intensos bombardeos. La situación es especialmente grave porque la capital concentra la mitad de los centros médicos que todavía pueden atender pacientes, en un contexto de destrucción sistemática de hospitales y escasez crítica de insumos. La Organización Mundial de la Salud advirtió que Gaza “no puede permitirse perder más hospitales”.
El drama humanitario se agrava con desplazamientos forzosos reiterados. Miles de familias, exhaustas y empobrecidas, enfrentan la disyuntiva de abandonar sus hogares a un costo de hasta 2.000 dólares o resistir bajo riesgo de bombardeos. La ONU ya declaró la hambruna en esa zona y los hospitales reportan muertes diarias por inanición.
Las declaraciones de dirigentes israelíes confirmaron la dureza del plan en marcha. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, aseguró que Ciudad de Gaza será “destruida” y planteó abiertamente una futura división territorial con Estados Unidos. Las palabras resonaron con la propuesta de Donald Trump de convertir la costa palestina en la “Riviera de Oriente Próximo”, un enclave turístico bajo control estadounidense.
El alto el fuego negociado a comienzos de año quedó roto unilateralmente por el gobierno de Benjamín Netanyahu, que bloqueó la entrada de alimentos, agua y electricidad, y estableció un sistema de distribución de ayuda militarizado con contratistas privados. Organismos internacionales compararon la situación con “Juegos del hambre” a escala real.
Mientras tanto, 550 gazatíes fueron autorizados a salir al extranjero, en un gesto interpretado como parte de un proceso de limpieza étnica. Naciones Unidas y las ONG alertan que el nuevo aislamiento de la Franja puede agravar aún más la crisis, dificultando la entrada de ayuda humanitaria y aumentando el número de víctimas.
En este contexto, la comunidad internacional enfrenta la urgencia de responder a un escenario que combina la intensificación de la ofensiva militar con una crisis humanitaria sin precedentes. Para los habitantes de Gaza, incomunicados y sin recursos, la incertidumbre se traduce en un temor creciente: que lo peor todavía esté por llegar.


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