
El Banco Central vendió USD 678 millones en un día para frenar al dólar y se encienden las alarmas
Alejandro Cabrera
El Banco Central protagonizó la mayor venta de dólares en un solo día de los últimos seis años al colocar USD 678 millones en el mercado mayorista. Con este movimiento, la autoridad monetaria acumula un total de USD 1.110 millones en ventas en apenas tres jornadas, desde que el tipo de cambio mayorista alcanzó el techo de la banda cambiaria en $1.474,50. La magnitud del desembolso refleja el nivel de tensión en el mercado, en un contexto donde el dólar se convirtió nuevamente en termómetro político y económico.
El Gobierno sostiene que la estrategia responde a la necesidad de mostrar control en la antesala de las elecciones legislativas del 26 de octubre. El ministro de Economía, Luis Caputo, ratificó que el Ejecutivo está dispuesto a defender el esquema “vendiendo hasta el último dólar en el techo de la banda”. Sin embargo, el compromiso político choca con una realidad financiera más áspera: las reservas disponibles son limitadas y buena parte de ellas corresponden a desembolsos recientes del Fondo Monetario Internacional.
La dinámica de las últimas jornadas expone un problema estructural: la escasez de oferta privada de divisas. Con un mercado que demandó USD 842 millones, casi la totalidad fue absorbida por el Central. La ausencia de liquidaciones del agro y de otros sectores exportadores obliga a que el organismo sea el único oferente significativo, un escenario difícil de sostener durante varias semanas. Cada dólar que se utiliza para contener la cotización es un dólar menos para atender compromisos de deuda y fortalecer las reservas netas.
El impacto financiero ya se siente con fuerza. Los bonos soberanos en dólares cayeron hasta 5 % en las últimas ruedas y el riesgo país trepó a 1.454 puntos básicos, reflejando la percepción de los inversores de que el plan de estabilización se debilita. El próximo gran test será en enero, cuando el Tesoro deba afrontar vencimientos por USD 4.300 millones entre capital e intereses. En ese contexto, el drenaje de divisas en defensa del techo de la banda despierta inquietud sobre la capacidad del país para cumplir con esos compromisos.
Las reservas brutas cerraron en USD 39.259 millones, tras una pérdida de USD 148 millones en la jornada. Aunque parte de las operaciones recién se reflejarán la semana próxima, el saldo negativo de más de USD 1.050 millones en apenas tres días enciende luces rojas. Analistas señalan que, descontando encajes de depósitos y swaps, las reservas netas líquidas están en niveles muy bajos, lo que limita el margen de maniobra.
La comparación histórica tampoco juega a favor. La última venta de magnitud similar se registró en octubre de 2019, durante el ocaso de la gestión de Mauricio Macri y en plena incertidumbre electoral, cuando se colocaron USD 691 millones en un solo día. El paralelismo con aquel episodio, que terminó en controles más estrictos y pérdida de reservas, alimenta las dudas sobre la viabilidad del actual esquema.
Más allá de las cifras, el trasfondo es político. El Gobierno eligió defender a toda costa la paridad cambiaria como señal de estabilidad, aun cuando el costo sea un debilitamiento de las reservas. La apuesta apunta a transitar el período electoral sin un salto brusco en el dólar que reactive la inflación y golpee el humor social. Sin embargo, esa estabilidad de corto plazo se paga con mayor fragilidad de mediano plazo.
En los pasillos financieros, el debate gira en torno a dos escenarios: si el Ejecutivo logra colocar nueva deuda en pesos o en dólares que alivie la presión, o si, por el contrario, el mercado obliga a un cambio de reglas con un desdoblamiento cambiario o una devaluación más fuerte. Por ahora, Caputo y el Banco Central se aferran al guion original: sostener la banda hasta octubre y confiar en que el ingreso de divisas del FMI permita ganar tiempo.
El interrogante central es hasta dónde alcanza esa estrategia. La demanda de dólares no cede, los exportadores siguen renuentes a liquidar y el flujo de capitales externos se mantiene condicionado por el riesgo país. En ese marco, cada jornada de intervención erosiona las reservas y acerca la discusión a un punto límite. Si el Gobierno logra superar las elecciones con el esquema vigente, será leído como un triunfo táctico; pero si el drenaje de divisas continúa al ritmo actual, la estabilidad prometida puede desvanecerse antes de llegar a las urnas.


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